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Teleférico del Parque nacional Dajti, desde junio del año 2005, los senderistas y visitantes pueden usar un teleférico desde los barrios orientales de Tirana a 1050 metros de altitud. | |
26 Diciembre 2025 - Madrid -Tirana
Vuelo tranquilo y no demasiado largo, en barajas conocemos a nuestro guía de Alventus Luis Casanova, que es un guía de la desaparecida agencia "añosluz", y en el destino conoceremos a nuestro guía Dorian, que durante todos los días de este viaje nos va a a demostrar que es un guía como lo copa de un pino, y sin olvidarnos tampoco de nuestro chofer (que no recuerdo como se llamaba), que a pesar de tener el autobús mas grande de Albania y las carreteras mas pequeñas de dicho país, maniobra por todos los lados con gran destreza.
27 Diciembre 2025 - Tirana
Por la mañana nos vamos al telesferico Dajti Ekspres, que es el teleférico más largo de los Balcanes y una de las atracciones turísticas más populares de Tirana, Albania. Esta línea de 4.670 metros de longitud ofrece un viaje panorámico de unos 15 minutos que lleva a los visitantes desde las afueras de la ciudad hasta la cima del Monte Dajti.
- El Monte Dajti -
El Monte Dajti representa un pilar fundamental en la identidad de Albania, habiendo servido históricamente como un refugio estratégico y un centro de recreación que ha sido testigo de la transformación del país, desde su etapa bajo el régimen comunista —donde se instalaron infraestructuras de telecomunicaciones y búnkeres de vigilancia aún visibles— hasta su declaración como Parque Nacional en 1966. Esta montaña, que forma parte de la cordillera de los Alpes Dináricos, se caracteriza por una biodiversidad excepcional donde los densos bosques de hayas, pinos y robles dan cobijo a una fauna silvestre que incluye osos y lobos, creando un ecosistema que actúa como el "pulmón verde" de Tirana.
El Monte Dajti guarda una conexión profunda y sombría con la figura de Enver Hoxha, el dictador que aisló a Albania durante cuatro décadas, ya que la montaña no era solo un destino recreativo, sino un componente vital de su paranoica estrategia de defensa nacional. Durante su régimen, las laderas del monte fueron transformadas en una fortaleza natural donde se construyeron cientos de búnkeres de hormigón y complejos subterráneos secretos diseñados para proteger a la élite del Partido del Trabajo de Albania ante un posible ataque nuclear o invasión extranjera.
El vestigio más impresionante de esta época es el Bunk’Art 1, un colosal refugio atómico de cinco niveles y 106 habitaciones ubicado justo en la base de la montaña, que fue construido en secreto en la década de 1970 para albergar al propio Hoxha y a su estado mayor en caso de guerra. Mientras el pueblo veía al Dajti como un símbolo de la naturaleza albanesa, para el dictador era un nudo de comunicaciones custodiado por bases militares de acceso restringido y antenas de radio que controlaban la propaganda estatal, convirtiendo gran parte de la montaña en una zona prohibida para el ciudadano común.
Hoy en día, el contraste en el diario de viaje es fascinante: el mismo teleférico que hoy transporta turistas con alegría sobrevuela los antiguos terrenos militares y los túneles que una vez simbolizaron el miedo y el aislamiento extremo de Hoxha, permitiendo que los visitantes caminen libremente por senderos que durante la dictadura habrían
sido motivo de arresto. Esta transición de "fortaleza prohibida" a parque nacional accesible resume la historia moderna de Albania, donde las cicatrices de hormigón de la era de Enver Hoxha ahora se integran de forma surrealista en un paisaje de pinos y restaurantes de lujo, sirviendo como un recordatorio mudo de una de las dictaduras más herméticas del siglo XX bajo la sombra de la cumbre más emblemática de Tirana.
- Bunk'Art -
La visita al Bunk'Art 1 es una de las experiencias más impactantes de Tirana, ya que te permite adentrarte literalmente en el corazón de la paranoia de la era comunista. El bunker se encuentra en las afueras de la ciudad, en la zona de Shish-Tufina, justo al lado de la estación inferior del teleférico Dajti Ekspres. Para entrar, debes atravesar un túnel militar que te sumerge de inmediato en una atmósfera de la Guerra Fría.
El museo cuenta con más de 100 salas. Podrás ver los aposentos privados de Enver Hoxha y del primer ministro Mehmet Shehu, que conservan los muebles originales y el sistema de purificación de aire.
También hay una enorme sala de asambleas diseñada para que el parlamento pudiera sesionar bajo tierra, además de salas que detallan la historia de la ocupación italiana y alemana, y los horrores de la policía secreta (Sigurimi). Los pasillos son estrechos, de hormigón frío y están acompañados por instalaciones artísticas modernas y efectos de sonido que recrean la sensación de un refugio antiaéreo, lo que lo convierte en una experiencia inmersiva y algo claustrofóbica.
- Enver Hoxha -
Enver Hoxha fue el dirigente comunista que gobernó Albania desde 1944 hasta 1985, estableciendo uno de los regímenes más herméticos, ideológicamente rígidos y aislados del siglo XX. Su trayectoria política comenzó durante la ocupación italiana y alemana, cuando se convirtió en uno de los líderes del movimiento de resistencia comunista, lo que le permitió consolidar su autoridad dentro del recién creado Partido del Trabajo de Albania.
Tras la victoria partisana
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Túnel de entrada al Bunk'Art 1, es una de las experiencias más impactantes de Tirana. |
en 1944, Hoxha instauró un sistema político inspirado directamente en el modelo estalinista, caracterizado por la centralización absoluta del poder, la eliminación sistemática de la oposición y la construcción de un Estado policial que penetraba todos los ámbitos de la vida cotidiana. Durante los primeros años de su gobierno, Albania mantuvo una estrecha relación con Yugoslavia, pero la ruptura entre Tito y Stalin en 1948 llevó a Hoxha a alinearse firmemente con la Unión Soviética, reforzando su adhesión al estalinismo y purgando a cualquier dirigente sospechoso de simpatizar con Belgrado. Sin embargo, la muerte de Stalin en 1953 y el proceso de desestalinización impulsado por Nikita Jrushchov provocaron un nuevo giro: Hoxha rechazó frontalmente las reformas soviéticas, acusando a Moscú de revisionismo y traición al marxismo-leninismo.
Esta tensión culminó en la ruptura diplomática con la URSS en 1961, dejando a Albania en una posición extremadamente vulnerable. Para compensar este aislamiento, Hoxha se acercó a la China de Mao Zedong, con la que compartía una visión ideológica radical y una hostilidad común hacia el bloque soviético. La alianza sino-albanesa se convirtió en un pilar fundamental del régimen durante los años sesenta y principios de los setenta, proporcionando ayuda económica, militar e industrial.
No obstante, tras la muerte de Mao y el giro pragmático de la política china bajo Deng Xiaoping, Hoxha volvió a denunciar el revisionismo de su antiguo aliado, rompiendo también con Pekín en 1978. A partir de ese momento, Albania quedó completamente aislada, sin aliados internacionales y sin acceso a asistencia económica exterior, lo que llevó al país a una situación de autarquía extrema. En el plano interno, el régimen de Hoxha se caracterizó por un control total de la sociedad.
La Sigurimi, la policía secreta, vigilaba a la población mediante una extensa red de informantes, y cualquier forma de disidencia era castigada con prisión, trabajos forzados o ejecución. La religión fue prohibida en 1967, convirtiendo a Albania en el primer Estado oficialmente ateo del mundo. La economía se organizó en torno a la colectivización agrícola y la industrialización forzada, pero la falta de recursos, la mala planificación y el aislamiento internacional provocaron un estancamiento crónico y niveles de pobreza muy elevados.
Uno de los aspectos más llamativos del régimen fue la obsesión de Hoxha con la posibilidad de una invasión extranjera. Convencido de que Albania estaba rodeada de enemigos —Yugoslavia, Grecia, Italia, la OTAN, el Pacto de Varsovia e incluso China tras la ruptura— ordenó la construcción de más de 170.000 búnkeres repartidos por todo el territorio. Estas estructuras, que consumieron enormes recursos, se convirtieron en un símbolo del aislamiento y la paranoia del régimen.
En el ámbito ideológico, Hoxha se presentó como el último defensor del marxismo-leninismo auténtico, rechazando cualquier desviación reformista y manteniendo una línea doctrinal extremadamente rígida. Sus escritos, discursos y obras teóricas se convirtieron en textos obligatorios en escuelas, universidades y organizaciones del partido, consolidando un culto a la personalidad que impregnaba la vida pública. Tras su muerte en 1985, Albania heredó un país empobrecido, tecnológicamente atrasado y profundamente aislado del
resto de Europa.
La transición hacia un sistema pluralista comenzó a finales de los años ochenta y culminó en 1991, pero el legado de Hoxha siguió marcando la política y la memoria colectiva durante décadas. Su figura continúa siendo objeto de debate: para algunos, un dictador represivo responsable del atraso del país; para otros, un líder que defendió la soberanía nacional frente a potencias extranjeras. Si quieres, puedo hacerlo aún más largo, enfocarlo en su política económica, su aparato represivo, su relación con Stalin, su ruptura con China, la vida cotidiana bajo su régimen o incluso compararlo con otros líderes comunistas del siglo XX.
- El Pazari i Ri -
Por la tarde tenemos tiempo libre en comemos en una hamburguesería, en El Pazari i Ri (Nuevo Bazar) es el corazón palpitante de la vida cotidiana en Tirana y un festín sensorial que no puede faltar en tu bitácora.
El Pazari i Ri, (Nuevo Bazar) ubicado en el barrio de Avni Rustemi, Tirana, es una de las zonas más antiguas de la capital albanesa, es un vibrante epicentro cultural y comercial que fue completamente revitalizado en 2017 para transformarse en un espacio moderno sin perder su esencia tradicional. Históricamente, este mercado ha sido el punto de encuentro de los ciudadanos desde su creación original en 1931, pero hoy se caracteriza por su distintiva arquitectura contemporánea con techos de cristal y fachadas pintadas con patrones geométricos coloridos que rinden homenaje a los textiles tradicionales albaneses.
El mercado se divide en áreas especializadas donde es posible encontrar desde frutas y verduras frescas de las granjas locales hasta productos típicos como el aceite de oliva extra virgen, la miel de montaña, el raki artesanal y una gran
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Skanderbeg. Por su destreza en combate, el sultán le otorgó el título de Iskender Bey (príncipe Alejandro), |
variedad de especias y aceitunas. Lo que hace único a este lugar para el viajero es su atmósfera híbrida, ya que rodeando los puestos de comida se encuentran algunas de las mejores tabernas y restaurantes de pescado de la ciudad, donde se puede disfrutar de una comida auténtica mientras se observa el ajetreo constante de los vendedores y locales. Es un espacio que respira optimismo y renovación urbana, abierto todos los días desde las 8:00 hasta las 21:00, ideal para perderse entre los puestos de souvenirs artesanales o para hacer una parada técnica en cafeterías emblemáticas.
A las 17:00 horas ya es de noche, nos desplazamos a nuestro hotel el Internacional que esta bastante bien, aunque estas noches el puncha-puncha de la plaza y de la discoteca del hotel esta onmipresente hasta altas horas de la noche.
En unos minutos y después de dejar las maletas en el hotel hacemos una visita nocturna a pie del centro de la ciudad.
La plaza Skanderbeg (en albanés: Sheshi Skënderbej) es la plaza principal de Tirana, en Albania llamada así en 1968 en honor del héroe nacional albanés Skanderbeg
En los tiempos de la monarquía albanesa, la plaza se componía de una serie de edificios que con el tiempo serían derribados durante el período comunista. La plaza se compone de una rotonda con una fuente en el medio. El Antiguo Bazar de Tirana estaba en los terrenos del actual Palacio de la Cultura, mientras que donde estaba el antiguo edificio municipal ahora se encuentra el Museo Nacional de Historia.
- Skanderbeg - el héroe nacional de Albania. -
Gjergj Kastrioti, conocido como Skanderbeg (1405-1468), es el máximo héroe nacional de Albania. Hijo del príncipe Gjon Kastrioti, fue entregado como rehén al Imperio otomano, donde se convirtió al islam y se formó como un brillante estratega militar. Por su destreza en combate, el sultán le otorgó el título de Iskender Bey (príncipe Alejandro), comparando su genio táctico con el de Alejandro Magno. A pesar de su éxito en el ejército turco, su origen aristocrático, el deber hacia su tierra natal lo llevaron finalmente a rebelarse para defender la libertad de Albania.
En 1443, Skanderbeg desertó del ejército otomano para liderar la resistencia albanesa desde el castillo de Krujë. Tras recuperar su fe cristiana y alzar el estandarte del águila bicéfala, unificó a los nobles en la Liga de Lezhë, empleando tácticas de guerrilla y fortalezas estratégicas para frenar a fuerzas muy superiores.
A pesar de sufrir traiciones familiares (como la de su sobrino Hamza) y derrotas críticas como la de Berat (1455), logró hitos históricos al resistir heroicamente los grandes sitios de Krujë impuestos por los sultanes Murat II y Mehmet II. Su genio militar le permitió incluso intervenir en Italia para apoyar al Reino de Nápoles.
Debilitado por la malaria, murió en 1468 sin haber sido derrotado personalmente en su bastión. Aunque la resistencia continuó bajo Lekë Dukagjini, Krujë cayó finalmente en 1478, marcando el inicio de siglos de dominio otomano, pero consolidando a Skanderbeg como el máximo héroe nacional de Albania.
Gracias a su habilidad diplomática, Skanderbeg obtuvo el apoyo crucial del Papado, Venecia y el Reino de Nápoles para frenar el avance otomano en el Adriático. Alfonso V de Aragón se convirtió en su principal aliado,
brindándole tropas, dinero y refugio, mientras que cuatro papas, entre ellos Pío II, lo apoyaron activamente, otorgándole el título de Athleta Christi (Campeón de Cristo) tras la caída de Constantinopla. Incluso Vlad Tepes (Drácula) lo consideró un modelo de liderazgo. Sus 25 años de resistencia no solo defendieron Albania, sino que actuaron como un escudo que protegió a la península italiana de una invasión turca inminente.
Skanderbeg gobernó bajo leyes romanas y bizantinas, consolidando la identidad y unidad del pueblo albanés. Tras su muerte en 1468, sus soldados resistieron doce años más hasta la caída de Albania en 1480. Al encontrar su tumba en Lezhë, los otomanos convirtieron sus huesos en amuletos, creyendo que les darían su valor. Hoy es el máximo héroe nacional; su legado se honra con museos en Krujë y estatuas ecuestres en las plazas principales de Tirana y Pristina, recordado como el defensor de la libertad y del cristianismo.
Tras la caída de Albania, la familia de Skanderbeg se asentó en el sur de Italia, donde recibieron el ducado de San Pietro di Galatina. Mientras la línea masculina legítima se extinguió tras varias generaciones, la rama Castriota Scanderbeg perduró siglos como parte de la nobleza italiana. Incluso siglos después, descendientes y figuras como el noble español Juan Pedro Aladro y Kastriota continuaron apoyando activamente la independencia albanesa.
La siguiente parada es la Catedral Ortodoxa de la Resurrección de Cristo en Tirana, inaugurada en 2012, es la tercera iglesia ortodoxa más grande de los Balcanes y un símbolo del renacimiento religioso tras el ateísmo estatal. Su arquitectura destaca por una imponente cúpula de 32 metros de altura revestida en mosaico dorado y un campanario de 46 metros compuesto por cuatro velas que representan a los evangelistas.
El complejo no solo es un centro de culto, sino también un espacio cultural que alberga un anfiteatro y un museo, integrando el diseño moderno con la tradición bizantina para reflejar la resiliencia de la fe ortodoxa en la Albania contemporánea.
También
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Una sección del Muro de Berlín en el El parque Lulishte Ismail Qemali. Tirana. |
pasamos por el Lulishte Ismail Qemali, también conocido como Parque Ismail Qemali, es un encantador refugio urbano enclavado en el vibrante corazón de Tirana. Este encantador parque no solo ofrece exuberantes jardines y tranquilos senderos, sino que también sirve como sitio histórico con vestigios del pasado de Albania. Los visitantes pueden explorar algunos de los icónicos búnkeres de hormigón que salpican el paisaje, testimonio de una época en la que se construyeron más de 750.000 estructuras de este tipo para protegerse durante la Guerra Fría.
El Lulishte Ismail Qemali es un apacible parque urbano en el centro de Tirana que rinde homenaje al fundador de la Albania moderna y líder del movimiento de independencia de 1912. Este espacio verde, situado cerca del Parlamento y del bulevar principal, destaca por albergar monumentos de gran carga histórica, incluyendo una estatua del propio Qemali y fragmentos significativos del pasado reciente como un búnker de la era comunista, una sección del Muro de Berlín y una viga de la estructura de las minas de Spaç. Es un lugar que invita a la reflexión, donde la naturaleza se entrelaza con las cicatrices de la dictadura y los símbolos de la libertad, funcionando como un museo al aire libre que resume la compleja transición del país hacia la democracia.
Muy cerquita esta el parlamento y la residencia del Primer Ministro de Albania, La Oficina del Primer Ministro, también conocida como Zyra e Kryeministrit, es un importante edificio gubernamental en Tirana con un rico trasfondo histórico. Una vez fue la sede del Partido Comunista durante el régimen de Enver Hoxha y sirvió como residencia y oficina del Primer Ministro albanés. El edificio moderno refleja el compromiso de Albania con la gobernanza y la transparencia, mostrando una arquitectura elegante y eficiencia.
- la pirámide de Tirana -
La Pirámide de Tirana, conocida en albanés como Piramida e Tiranës, es uno de los edificios más emblemáticos y controvertidos de Albania, un símbolo arquitectónico que refleja las profundas transformaciones políticas, sociales y urbanas del país desde finales del siglo XX. Inaugurada en 1988, fue concebida originalmente como un museo dedicado a Enver Hoxha, el líder comunista que gobernó Albania durante más de cuatro décadas. El diseño estuvo a cargo de un equipo de arquitectos entre los que se encontraban Pirro Vaso, Klement Kolaneci y Pranvera Hoxha, hija del propio dirigente, lo que reforzaba su carácter monumental y propagandístico.
Su estilo, asociado al llamado “socialismo tardío”, combinaba geometrías angulares, superficies inclinadas y un uso predominante del hormigón, creando una estructura piramidal que destacaba en el bulevar principal de Tirana. Tras la caída del régimen comunista en 1991, el edificio perdió su función original y comenzó un largo periodo de redefinición. Primero fue reconvertido en centro de conferencias, y durante la guerra de Kosovo en 1999 llegó a servir como base de operaciones para la OTAN, lo que evidencia su valor estratégico y su capacidad para adaptarse a nuevas necesidades.
En las décadas siguientes, la Pirámide atravesó múltiples usos: centro cultural, espacio para ferias, plató de televisión, discoteca e incluso edificio semiabandonado, lo que alimentó un intenso debate público sobre su destino. Para algunos,
representaba un símbolo oscuro del pasado comunista que debía ser demolido; para otros, era un testimonio histórico que debía preservarse y reinterpretarse.
Este debate culminó en un ambicioso proyecto de transformación liderado por el estudio internacional MVRDV, que entre 2017 y 2023 llevó a cabo una profunda reconversión del edificio. La intervención conservó la estructura de hormigón original, pero la reinterpretó como un espacio abierto, accesible y orientado al futuro. Se añadieron escaleras en las fachadas inclinadas, permitiendo que los visitantes pudieran caminar literalmente sobre la antigua estructura, un gesto simbólico que convertía un monumento del autoritarismo en un espacio público democrático.
Además, se integró un conjunto de módulos y cajas de colores destinados a albergar talleres, estudios, cafeterías, incubadoras de empresas y aulas para programas educativos gratuitos orientados a la juventud albanesa, especialmente en áreas tecnológicas. Con esta transformación, la Pirámide dejó de ser un monumento estático para convertirse en un centro cultural dinámico, un parque urbano y un símbolo de renovación.
Hoy es uno de los lugares más visitados de Tirana y un ejemplo destacado de cómo la arquitectura puede reescribirse para reflejar nuevas identidades colectivas. Si quieres, puedo ampliarlo aún más, centrarme en su arquitectura original, en el proyecto de MVRDV, en su simbolismo político o incluso compararla con otros edificios poscomunistas de Europa.
Y finalmente atravesamos el Castillo de Tirana, o mejor dicho las murallas del castillo, porque el castillo actualmente son bares y tiendas. La Fortaleza de Justiniano, conocida popularmente como el Castillo de Tirana, es uno de los enclaves históricos más antiguos y simbólicos de la capital albanesa, un vestigio que conecta la ciudad moderna con sus raíces bizantinas.
Su origen se remonta al reinado del emperador Justiniano I en el siglo VI, cuando se reforzó una red de fortificaciones estratégicas en los Balcanes para contener las incursiones bárbaras y consolidar el
control imperial sobre la región. Aunque la estructura original ha sufrido múltiples transformaciones, destrucciones y reconstrucciones a lo largo de los siglos, su presencia ha marcado de manera continua el desarrollo urbano y político del territorio que hoy ocupa Tirana.
Durante la Edad Media, la fortaleza fue ampliada y modificada por diversas potencias que dominaron la zona, incluyendo principados locales, fuerzas serbias y, posteriormente, el Imperio Otomano, que dejó una huella especialmente profunda en la configuración del recinto. Bajo dominio otomano, el castillo se convirtió en un núcleo administrativo y militar, alrededor del cual comenzó a crecer el asentamiento que acabaría convirtiéndose en la ciudad de Tirana.
La muralla, de la que hoy solo se conservan algunos tramos, delimitaba un espacio que albergaba edificios gubernamentales, residencias de notables, almacenes y puntos de control. Con el paso del tiempo, y especialmente a partir del siglo XIX, la importancia militar del castillo fue disminuyendo, mientras que la ciudad se expandía más allá de sus límites originales. Durante el siglo XX, las transformaciones urbanísticas impulsadas primero por la monarquía de Zog I, luego por la ocupación italiana y finalmente por el régimen comunista de Enver Hoxha, alteraron profundamente el entorno del castillo, integrándolo en un tejido urbano cada vez más moderno y denso. A pesar de ello, el recinto conservó su valor simbólico como uno de los pocos testimonios visibles de la Tirana premoderna.
En la actualidad, la Fortaleza de Justiniano ha sido objeto de proyectos de restauración y revitalización que buscan poner en valor su importancia histórica y convertirla en un espacio cultural y turístico. El interior del recinto alberga cafés, pequeñas
tiendas, espacios expositivos y zonas peatonales que combinan elementos tradicionales con intervenciones contemporáneas.
Aunque gran parte de la estructura original ha desaparecido, los fragmentos de muralla y la traza del antiguo perímetro permiten comprender la evolución histórica de la ciudad y su transición desde un asentamiento fortificado hasta la capital moderna de Albania. Si quieres, puedo ampliarlo muchísimo más, profundizar en su arquitectura, su evolución durante el periodo otomano, su papel en la formación de Tirana o incluso compararlo con otras fortalezas balcánicas.
Vuelta al hotel, cenamo en el mercadillo navideño que en estas fechas hay en la plaza Skanderberg, probamos el queso a la parrilla y mas productos locales que estan muy bien.
El mercadillo navideño de la Plaza Skanderbeg, en el corazón de Tirana, es uno de los eventos más animados y queridos de Albania durante diciembre. La plaza se transforma en una especie de pueblo invernal, lleno de luces, casetas de madera, música y actividades para todas las edades. La información disponible describe un ambiente muy festivo y cada año atrae tanto a locales como a visitantes.
Durante diciembre, la plaza se llena de cafés, puestos de comida, atracciones, música en directo y un gran árbol de Navidad, convirtiéndose en el centro de la vida social de la ciudad . El mercado ofrece un ambiente cálido y muy familiar, con decoraciones brillantes, productos artesanales y delicias tradicionales albanesas, pensado para que la gente pasee, compre regalos y disfrute de la temporada .
28 Diciembre 2025 - Lago Ohrid - Korçë
El Lago Ohrid tiene algo magnético: no solo es uno de los lagos más antiguos del mundo, sino que sus orillas han visto pasar
civilizaciones enteras, desde tribus ilirias hasta imperios bizantino y otomano. Cada ciudad que lo rodea conserva capas de historia que siguen vivas en sus calles, iglesias, fortalezas y monasterios. A continuación tienes un recorrido amplio, sin encabezados, por el lago y por las ciudades que lo abrazan.
El lago se formó hace más de un millón de años, lo que lo convierte en un auténtico fósil viviente. Su aislamiento permitió que surgieran especies únicas, y su profundidad —casi 300 metros en algunos puntos— le dio un carácter misterioso que fascinó a los pueblos antiguos. Para los ilirios era un lugar sagrado; para los romanos, un punto estratégico en la Via Egnatia; para los bizantinos, un centro espiritual; y para los otomanos, un enclave comercial y cultural.
La ciudad de Ohrid, en la orilla macedonia, es el corazón histórico del lago. Fue un importante centro religioso desde el siglo IX, cuando San Clemente de Ohrid fundó una de las primeras universidades eslavas. De aquella época quedan decenas de iglesias medievales, hasta el punto de que se decía que había una para cada día del año. La iglesia de San Juan de Kaneo, colgada sobre un acantilado, es quizá la imagen más icónica del lago.
La fortaleza del zar Samuel domina la ciudad desde lo alto, recordando la época en que Ohrid fue capital del Primer Imperio Búlgaro. Bajo el casco antiguo se conservan restos romanos, como el teatro del siglo II, que hoy se usa para conciertos. Pasear por Ohrid es caminar por un mosaico de épocas superpuestas.
Más al sur, también en Macedonia del Norte, se encuentra el monasterio de San Naum, fundado en el siglo X por uno de los discípulos de San Clemente. El monasterio está rodeado de manantiales que alimentan el lago, y la tradición dice que si acercas
el oído al sarcófago del santo puedes oír los latidos de su corazón. Durante siglos fue un centro espiritual y cultural, y su ubicación, junto al agua y entre montañas, lo convierte en uno de los lugares más evocadores del entorno.
En la orilla albanesa, la ciudad principal es Pogradec. Aunque menos monumental que Ohrid, tiene una historia antigua: fue un asentamiento ilirio y luego romano, y cerca se encuentran los restos de la fortaleza de Pogradec, que dominaba el valle. Durante la época otomana se convirtió en un pequeño centro comercial, y en el siglo XX fue un destino de veraneo para la élite albanesa. Hoy combina un ambiente relajado con un paseo marítimo largo y vistas abiertas hacia las montañas macedonias. Muy cerca está Lin, un pueblo construido sobre una pequeña península, famoso por sus mosaicos paleocristianos del siglo VI, uno de los tesoros arqueológicos más importantes del lago.
El lago ha sido frontera, punto de encuentro y vía de comunicación. La Via Egnatia, que unía Roma con Bizancio, pasaba cerca de sus orillas, y muchos comerciantes se detenían en Ohrid o en los pueblos albaneses para descansar. Durante la Edad Media, Ohrid fue un centro de alfabetización y arte religioso, mientras que la orilla albanesa mantuvo una vida más rural y pesquera. En la época otomana, ambas orillas compartieron influencias culturales, desde la arquitectura hasta la gastronomía.
Nuestro grupo visitamos un búnker del Lago en la zona de Pogradec, en el lado albanés.
Parada de camino en la carretera para comer en el Fish City Rozafa en Maliq, que tiene una alta calificación entre los comensales, conocido por su comida fresca sobre todo de pescado y excelente servicio. Nos quedamos sin postre si queremos ver el Museo Nacional de Arte Medieval
- Korçë, que según nuestro guía Dorian es imprescindible verlo. Cosa que después comprobamos que tiene muchísima razón.
- Museo Nacional de Arte Medieval - Korçë
Después del lago por sorpresa visitamos el fantástico Museo Nacional de Arte Medieval en Korçë, que han ampliado la apertura gracias a nuestro guía, y nos están esperando.
El Museo Nacional de Arte Medieval (en albanés, Muzeu Kombëtar i Artit Mesjetar) es un museo en Korçë, Albania. Fue fundado el 24 de abril de 1980.
Su fondo cuenta con objetos culturales y artísticos, principalmente relacionados con el arte cristiano bizantino y postbizantino, con una colección de iconos, considerada como una de las más importantes de Europa, en piedra, madera, metal y textil que representan varios momentos del desarrollo iconográfico de Albania.
El Museo Nacional de Arte Medieval de Korçë es uno de los grandes tesoros culturales de Albania y una visita imprescindible para entender la tradición iconográfica del país. Su colección es considerada una de las más importantes de Europa en arte bizantino y posbizantino, tanto por su calidad como por su amplitud.
El museo fue fundado en 1980 y está situado en el bulevar Fan Noli, en el sureste de Korçë. Alberga más de 7.000 objetos artísticos y culturales, principalmente iconos, además de obras en piedra, madera, metal y textiles que muestran la evolución del arte religioso albanés a lo largo de varios siglos.
En su sala principal se exponen alrededor de 200 obras de los siglos XIII y XIV, muchas de ellas anónimas, junto con piezas de grandes maestros del arte albanés como Onufri, Onufër Qiprioti, Simone de Ardeniza, Jeromak Shpataraku, David Selenica, el Maestro Kostandini y los Hermanos Zografi. Estas obras permiten apreciar la transición entre estilos bizantinos y posbizantinos, así como la identidad artística propia que se desarrolló en la región.
El edificio fue renovado en 2016 con apoyo del municipio y del gobierno griego, modernizando su presentación sin perder el carácter tradicional. La
colección incluye también trajes típicos y objetos que reflejan la vida cívica y religiosa de Albania a lo largo de cinco siglos, lo que convierte al museo en un recorrido completo por la historia cultural del país.
Los iconos de los Balcanes forman uno de los conjuntos artísticos más ricos del mundo ortodoxo. Son herederos directos de la tradición bizantina, pero cada región —Serbia, Bulgaria, Macedonia del Norte, Albania, Grecia— desarrolló matices propios que hoy permiten distinguir estilos, escuelas y épocas. La historia de estos iconos está profundamente ligada a monasterios, rutas comerciales, invasiones, resistencias religiosas y a la caída de Constantinopla, que dispersó artistas y talleres por toda la península.
Los primeros siglos medievales fueron convulsos: las invasiones eslavas del siglo VI devastaron ciudades y centros artísticos, pero la pintura de iconos sobrevivió y se reorganizó en torno a Constantinopla y a grandes ciudades como Tesalónica. Durante la iconoclasia (siglos VIII–IX), Grecia y los Balcanes se convirtieron en un foco de resistencia a la prohibición de imágenes, y cuando el culto a los iconos fue restaurado en 843, comenzó una nueva etapa de esplendor en la región.
En Serbia, la tradición iconográfica floreció especialmente entre los siglos XIII y XIV, con monasterios como Mileševa, Dečani o Studenica, donde se conservan frescos e iconos de enorme calidad. Este arte serbio medieval combina la herencia bizantina con rasgos locales y una fuerte identidad monástica.
El saqueo de Constantinopla en 1204 por la Cuarta Cruzada fue un golpe devastador para el arte bizantino: muchos iconos antiguos se perdieron o fueron dispersados por Europa, Rusia, el Sinaí o Georgia. Desde entonces, gran parte del estudio del arte bizantino depende de obras que sobrevivieron fuera de su lugar de origen. En los Balcanes, sin embargo, los talleres locales continuaron produciendo iconos siguiendo modelos estrictos, manteniendo viva la tradición.
Durante los siglos XIII al XV, la región vivió una intensa mezcla de influencias:
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En Albania los crep's son considerados "low cost", lugar en Korçë totalmente recomendable. |
el Imperio Bizantino, el Segundo Imperio Búlgaro, el Reino Serbio, el Despotado de Epiro y, finalmente, la expansión otomana. Este mosaico político explica la variedad estilística de los iconos balcánicos, que combinan solemnidad bizantina, colorido local y, en épocas posteriores, influencias occidentales.
Hoy, los iconos de los Balcanes se encuentran en monasterios activos, museos nacionales (como el de Arte Medieval de Korçë o el de Ohrid), iglesias rurales y colecciones privadas. Muchos artistas contemporáneos siguen estudiando y copiando estos modelos, y algunos incluso viajan por Serbia, Macedonia del Norte y Grecia para dibujar y analizar frescos e iconos in situ, continuando una tradición que ha sobrevivido más de mil años.
Vuelta a Korçë (Korcha en Español), y nos damos un paseo por el centro, mas tarde buscaremos un lugar para cenar y encontraremos el lugar de comida rápida llamado "La crepería", donde hacen unos crep's estupendos y muy económicos, Ha sido todo un descubrimiento.
- Korçë -
Korça, situada en el juglindje de Albania, es una de las ciudades con mayor peso histórico y cultural del país. Sus orígenes se remontan a la Edad Media, cuando aparece como una propiedad feudal en el siglo XIII, aunque su desarrollo urbano real comienza durante el dominio otomano.
En 1484, Iljaz Bej Mirahori, un general albanés al servicio del Imperio Otomano, fundó la ciudad moderna y construyó la Mezquita de Mirahor, uno de los monumentos más antiguos y emblemáticos. Durante los siglos XVII y XIX, Korça se convirtió en un importante centro comercial, artesanal y educativo, destacándose por su población diversa y su apertura hacia influencias europeas.
En 1887 se inauguró la primera escuela albanesa de enseñanza laica en lengua albanesa, un hito fundamental de la Rilindja Kombëtare (Renacimiento Nacional), que convirtió a Korça en un núcleo clave del despertar cultural y político del país.
A comienzos del siglo XX, la ciudad vivió periodos de ocupación y administración extranjera, entre ellos la Administración Francesa (1916–1920), que dejó una huella profunda en la planificación urbana, introduciendo bulevares amplios y un estilo arquitectónico más europeo.
29 Diciembre 2025 - Camino a Gjirokastër
Dia de Autobús. con paradas en :
El Resort Mezini, con vistas al Lago Shelegur (Liqeni i Shelegurit) es un pequeño lago de montaña situado en la zona de Leskovik, dentro del condado de Korçë, en el sudeste de Albania. Se encuentra cerca de las aldeas de Vrëpckë y Radanj, en un entorno natural muy poco intervenido y conocido por su tranquilidad.
- Lagos, Cascadas y Ríos de Albania -
Albania es un santuario hídrico donde la geografía kárstica esculpe paisajes de una pureza visual sobrecogedora, definidos por una red de arterias fluviales que figuran entre las últimas de Europa en fluir sin la intervención de presas o canalizaciones artificiales.
Sus ríos, que nacen en las cumbres alpinas y desembocan en el litoral mediterráneo, han excavado con el paso de los milenios cañones monumentales de paredes verticales donde el agua adquiere tonalidades turquesas y esmeraldas debido a la pureza de sus minerales.
Los lagos del país presentan una dualidad fascinante, alternando entre
inmensas cuencas tectónicas de origen prehistórico, que funcionan como reservas de biodiversidad únicas en el mundo, y embalses serpenteantes que se adentran en valles remotos creando una estética de fiordos interiores solo accesibles por navegación.
En las zonas de mayor altitud, los lagos glaciares permanecen como espejos gélidos rodeados de picos nevados, mientras que en las faldas de las montañas el fenómeno del karst genera manantiales de profundidad abismal que brotan con una fuerza hipnótica desde cuevas subterráneas.
Las cascadas, a menudo ocultas tras bosques densos, se manifiestan como saltos abruptos que surgen directamente de la roca viva, alimentando piscinas naturales donde el agua se precipita desde alturas considerables, completando un ciclo hidrológico que define tanto la identidad salvaje del territorio como su incalculable valor ecológico.
- Meandros naturales que forma el río Vjosa -
El río Vjosa, uno de los últimos ríos verdaderamente salvajes de Europa, fluye desde las montañas de Grecia hasta el Adriático albanés sin presas ni desvíos, lo que le permite formar amplios meandros naturales en su curso medio. A lo largo de este tramo, especialmente entre Përmet y Këlcyra, el Vjosa serpentea libremente creando curvas abiertas, llanuras de grava y bancos de arena que constituyen un mosaico de hábitats de altísima importancia ecológica, reconocidos como prioritarios por la Unión Europea.
Su paisaje alterna gargantas estrechas en la parte alta con zonas de meandros y tramos trenzados en el centro, dentro del recién creado Vjosa Wild River National Park, un espacio protegido que abarca más de 400 km de vías fluviales y conserva un ecosistema intacto donde el río mantiene su dinámica natural de erosión, deposición y cambio constante.
Esta libertad hidrológica explica su valor histórico y cultural: durante siglos, las comunidades rurales de su cuenca han dependido de sus fértiles llanuras aluviales para la agricultura y el pastoreo, mientras el propio río se convirtió en un símbolo de identidad
local y de resistencia frente a la intervención humana. Hoy, sus meandros representan no solo una rareza geográfica en Europa, sino también un testimonio vivo de cómo un río se comporta cuando no está fragmentado por infraestructuras, ofreciendo un paisaje en continuo movimiento que combina belleza, biodiversidad y memoria histórica.
- Fuentes termales naturales situadas a unos 14 km de Përmet -
Las fuentes termales naturales situadas a unos 14 km de Përmet, conocidas como Ujërat Termale të Bënjës, son manantiales sulfúricos que emergen a través de fracturas tectónicas profundas junto al Cañón de Lengarica, formando seis pozas donde el agua brota de manera natural con temperaturas que oscilan entre 22 y 28 °C, según las mediciones recogidas en guías turísticas y descripciones locales.
Estas aguas, de tipo cloro–sodio–calcio y ricas en minerales, han sido utilizadas tradicionalmente para aliviar dolencias reumáticas, problemas de piel y trastornos digestivos, mientras fluyen a ambos lados del cañón creando pequeñas piscinas de piedra que se han convertido en un punto emblemático de bienestar y naturaleza en el sur de Albania .
- llegada a Gjirokastër -
Gjirokastër, conocida como la “Ciudad de Piedra”, es uno de los asentamientos históricos más singulares de Albania y de todo el Mediterráneo balcánico. Su origen se remonta a más de 2.500 años, cuando en la Edad del Bronce ya existían comunidades fortificadas en la colina que domina el valle del río Drino. La tradición histórica vincula su nombre antiguo, Argyrokastro, con la expresión “fortaleza de plata”, probablemente inspirada en el brillo del caliza gris que caracteriza sus casas y murallas.
Durante la Antigüedad tardía y la Alta Edad Media, la ciudad aparece mencionada en fuentes bizantinas como un punto estratégico en la frontera entre los dominios griegos, epirotas y las tribus ilirias y albanesas. Sus murallas, cuyos primeros tramos datan del siglo III, fueron reforzadas sucesivamente entre los siglos VI y XII, periodo en el
que Gjirokastër se consolidó como un centro comercial y administrativo de importancia regional.
En el siglo XIV, la ciudad vivió una etapa de tensiones entre los poderes bizantinos, los señores locales albaneses y las incursiones serbias, hasta que en 1417 fue incorporada al Imperio Otomano, iniciando la fase que más marcó su identidad urbana. Bajo dominio otomano, Gjirokastër se transformó en una ciudad de arquitectura monumental, caracterizada por las kule, las casas-torre de piedra con varios pisos, techos de losas y ventanas defensivas, que combinaban funciones residenciales y militares.
Estas viviendas, construidas entre los siglos XVII y XIX, reflejan el poder económico de las familias locales y la necesidad de protección en una región montañosa históricamente inestable. La fortaleza de Gjirokastër, situada en la cima de la colina, fue ampliada hasta convertirse en una de las mayores ciudadelas de los Balcanes, dominando visualmente todo el valle del Drino y sirviendo como símbolo del control otomano.
Durante los siglos XVIII y XIX, la ciudad prosperó como centro artesanal y comercial, con un bazar activo y una vida cultural marcada por escuelas, cofradías y tradiciones locales.
En este periodo nacieron figuras influyentes de la cultura albanesa, y la ciudad se convirtió en un foco de alfabetización y actividad intelectual. Con la caída del Imperio Otomano y la formación del Estado albanés en el siglo XX, Gjirokastër mantuvo su relevancia política y cultural. Su arquitectura única sobrevivió a guerras, cambios de régimen y al periodo comunista, durante el cual la ciudad fue también un lugar simbólico por ser la cuna de Enver Hoxha.
A pesar de las transformaciones del siglo XX, el tejido urbano histórico permaneció sorprendentemente intacto. En 2005, la UNESCO reconoció este valor excepcional al declarar Gjirokastër Patrimonio Mundial, junto con Berat, por su extraordinaria preservación de arquitectura otomana y su testimonio de una cultura urbana balcánica casi desaparecida en otros lugares. Hoy, Gjirokastër es un auténtico
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Nuestro magnífico guía Albanés Dorian junto al tanque italiano de la Segunda Guerra Mundial. Este vehículo, según la tradición local, fue abandonado o capturado durante la retirada de las tropas italianas tras el colapso del régimen fascista en Albania en 1943. |
museo vivo: sus casas de piedra, sus calles empedradas, la fortaleza, el bazar y los barrios en terrazas forman un paisaje histórico continuo que permite comprender la evolución de una ciudad balcánica desde la Antigüedad hasta la modernidad.
Su entorno, además, está rodeado de yacimientos como Antigonea y Hadrianopolis, que amplían aún más la profundidad histórica de la región. Gjirokastër no es solo un lugar hermoso: es un archivo de piedra donde se leen siglos de historia, convivencia cultural, arquitectura defensiva y vida cotidiana en el corazón del sur de Albania.
Son las 15:50 y esta anocheciendo, hoy también nuestro guía Dorian ha gestionado la visita al Castillo de Gjirokastër, sino no hubieramos podido entrar a estas horas (aquí cierran todo prontísimo), y nos esta esperando en la fortaleza con las puertas abiertas.
- Castillo de Gjirokastër -
El Castillo de Gjirokastër, conocido como Kalaja e Gjirokastrës o Kalaja e Argjirosë, domina desde hace siglos el valle del Drino desde una altura de 336 metros, controlando una de las rutas estratégicas más importantes del sur de Albania.
Sus orígenes se remontan a la Antigüedad tardía, cuando ya existían fortificaciones en la colina hacia el siglo IV, aunque la estructura reconocible hoy comenzó a tomar forma en los siglos XII y XIII bajo el Despotado de Epiro, que levantó las primeras murallas medievales.
Tras la conquista otomana a finales del siglo XIV, el castillo fue ampliado de manera decisiva, especialmente alrededor de 1490 bajo el sultán Bayaceto II, que reforzó sus defensas y lo convirtió en una fortaleza clave del imperio en la región. Durante el siglo XIX, el poderoso gobernador Ali Pasha de Tepelena añadió nuevas estructuras, entre ellas el emblemático torreón del reloj, ampliando la fortaleza hasta convertirla en una de las mayores de los Balcanes.
En el siglo XX, el castillo adquirió un papel más sombrío: fue utilizado como prisión política, primero durante la monarquía de Zog y después bajo el régimen comunista, que mantuvo en sus galerías húmedas y oscuras a numerosos opositores.
- Ali Pasha de Tepelena -
Ali Pasha de Tepelena (1740–1822) fue un gobernante otomano del sur de Albania que llegó a controlar un territorio casi independiente desde su capital en Ioánina. Se hizo famoso por su habilidad política, su dureza militar y sus alianzas con potencias europeas. Impulsó obras como fortalezas, puentes y acueductos, incluido el de Gjirokastër. Su creciente poder alarmó al sultán, que ordenó su eliminación; Ali Pasha fue finalmente ejecutado en 1822. Su figura quedó entre la historia y la leyenda.
- Monarquía de Zog I -
La monarquía de Zog fue el periodo en el que Ahmet Zogu gobernó Albania como Zog I, Rey de los Albaneses, entre 1928 y 1939. Su reinado marcó la primera y única monarquía nacional albanesa moderna.
La monarquía de Zog nació en 1928, cuando el presidente Ahmet Zogu disolvió la asamblea y proclamó Albania como un reino, como resultado de la pérdida de poder de los otomanos en la primera guerra mundial, convirtiéndose en Zog I, el primer y único rey musulmán de Europa en el siglo XX. Procedente de una influyente familia de la región de Mati, Zog había escalado rápidamente en la política albanesa: fue ministro,
primer ministro y presidente antes de coronarse rey.
Su objetivo era estabilizar un país joven, fragmentado y con fuertes tensiones tribales, modernizar el Estado y reforzar la autoridad central. Durante su reinado impulsó reformas administrativas, creó instituciones estatales más sólidas y trató de occidentalizar la imagen del país, aunque su poder se mantuvo fuertemente centralizado y apoyado en redes clientelares.
A nivel internacional, Zog buscó inicialmente equilibrar la influencia de las potencias vecinas, pero Albania terminó dependiendo cada vez más de Italia, que ofrecía préstamos, asesoramiento militar y apoyo político. Esta relación, que comenzó como cooperación, se transformó progresivamente en una dependencia que debilitó la soberanía albanesa. En 1939, aprovechando esta situación, el régimen fascista de Mussolini invadió Albania. Zog huyó al exilio con su familia y nunca regresó. Tras la Segunda Guerra Mundial, el nuevo gobierno comunista abolió formalmente la monarquía y declaró a Zog depuesto.
La monarquía de Zog dejó una huella ambivalente: por un lado, representó un intento de construir un Estado moderno y centralizado; por otro, su creciente dependencia de Italia y su estilo de gobierno autoritario limitaron su capacidad para consolidar una Albania plenamente soberana. Aun así, su figura sigue siendo una de las más singulares de la historia albanesa, tanto por su trayectoria política meteórica como por su papel como único monarca del país.
En el castillo todavía hoy pueden verse las celdas, los pasillos y los grafitis grabados por los prisioneros, que convierten la visita en un recorrido por la memoria política del país. Durante la Guerra Fría, el castillo se transformó también en un símbolo propagandístico: en su interior se exhibe un avión estadounidense capturado en 1957, presentado por el régimen como prueba de la vigilancia y resistencia albanesa frente a Occidente.
Junto al avión, el castillo alberga otra reliquia militar menos conocida pero igualmente llamativa: un tanque italiano de la Segunda Guerra Mundial.
Este vehículo, según la tradición local, fue abandonado o capturado durante la retirada de las tropas italianas tras el colapso del régimen fascista en Albania en 1943. El tanque fue trasladado al castillo como parte de la colección de armamento histórico que el régimen comunista utilizó para construir un relato de resistencia nacional frente a invasores extranjeros. Aunque su estado es más modesto que el del avión, constituye un testimonio físico de la compleja historia militar de la región y de los múltiples ejércitos que han pasado por el valle del Drino.
Además de su importancia militar y política, el castillo está profundamente ligado a la identidad cultural de Gjirokastër. La leyenda de Argjiro, la princesa que supuestamente prefirió lanzarse desde las murallas antes que caer en manos enemigas, ha dado nombre poético a la fortaleza durante siglos. Hoy, el castillo es también escenario del Festival Nacional de Folclore, uno de los eventos culturales más importantes de Albania, que reúne música, danzas y trajes tradicionales de todas las regiones del país.
Con sus murallas ciclópeas, sus torres, sus túneles, sus prisiones, su museo de armas y sus vistas panorámicas sobre la “Ciudad de Piedra”, el Castillo de Gjirokastër es un archivo vivo de más de mil años de historia balcánica. Cada una de sus capas —bizantina, epirota, otomana, albanesa moderna— se superpone en un conjunto monumental que explica por qué esta fortaleza es considerada una de las más impresionantes del sureste europeo.
La cena va a ser una selección de productos Albaneses en el restaurante "Furra", después de que el tendero de la tienda de ultramarinos cercano a nuestro hotel "Argjiro" nos lo aconsejara.
30 Diciembre 2025 - Parque nacional de Butrinto, y Blue Eye (ojo azul)
- Parque nacional de Butrinto -
En un enclave verdaderamente singular, en pleno corazón del Parque Nacional de Butrinto, este yacimiento arqueológico se alza sobre un promontorio que casi parece una isla: está rodeado casi
por completo por las aguas del Lago de Butrinto y separado del mar Jónico únicamente por el canal de Vivari.
Habitada desde la prehistoria, esta antigua ciudad‑puerto posee una trayectoria milenaria que se remonta al siglo VIII a. C. y constituye un testimonio excepcional, tanto cultural como histórico, de civilizaciones como la helenística, romana, bizantina, veneciana y otomana, todas ellas presentes en las huellas que dejaron en estas tierras. Para el siglo VII a. C., Butrinto ya contaba con una Acrópolis y un puerto de gran relevancia que, junto al de Confú, controlaba el comercio marítimo de la región. El asentamiento estaba protegido por murallas defensivas y, con el tiempo, se convirtió también en un importante centro de culto gracias a un santuario dedicado a Asclepio, dios de la medicina, situado en una de las laderas de la Acrópolis.
En el 228 a. C., Butrinto pasó a manos romanas y fue dotada de nuevas murallas y numerosos edificios: templos, termas, villas, un acueducto e incluso el puente que unía ambos lados del canal de Vivari.
Mas tarde, en la época cristiana, en la que Butrinto vivió una profunda transformación que marcó su paisaje urbano y su identidad religiosa.
A partir del siglo V d. C. (ca. 400–499), la ciudad se consolidó como un importante centro episcopal, lo que impulsó la construcción de algunos de los edificios más emblemáticos del yacimiento. El Baptisterio, datado en el siglo VI d. C. (ca. 500–599), destaca por su planta circular y por su extraordinario pavimento de mosaicos con motivos geométricos y vegetales, considerado uno de los más notables del Mediterráneo oriental.
La Gran Basílica, levantada también entre finales del siglo V y comienzos del siglo VI, formaba parte del complejo episcopal
y refleja la relevancia de Butrinto como sede cristiana. Además de estos dos grandes monumentos, se han identificado restos de hasta ocho iglesias construidas entre los siglos V y VII, lo que evidencia la presencia de una comunidad cristiana activa y numerosa.
Bajo administración bizantina —especialmente entre los siglos VI y XII— Butrinto mantuvo un periodo de prosperidad, pero con el paso del tiempo la zona comenzó a anegarse y la malaria convirtió el entorno en un lugar insalubre, lo que llevó al abandono progresivo de la ciudad hacia finales de la Edad Media (siglos XIII–XIV).
Tras una etapa de prosperidad bajo administración bizantina y un breve dominio veneciano, Butrinto quedó abandonada al final de la Edad Media, cuando la zona se anegó y se volvió insalubre debido a la malaria.
No fue hasta comienzos del siglo XIX cuando el corazón de Butrinto volvió a cobrar vida como un pequeño asentamiento de pescadores. En 1807, Ali Pasha Tepelena mandó construir aquí una fortaleza para protegerse de los ataques franceses procedentes de la cercana isla de Corfú.
Después de este largo paréntesis histórico, en 1928 un equipo de arqueólogos italianos redescubrió Butrinto y sacó a la luz los extraordinarios vestigios que habían permanecido ocultos durante siglos. Hoy sabemos que solo se ha excavado aproximadamente una quinta parte de la ciudad, pero lo suficiente para que Butrinto sea considerado uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Albania. En 1992, su valor universal fue reconocido con su inclusión en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.
Después de esta espectacular visita nos vamos a otro lugar también emblemático de este país.
- El Ojo Azul de Albania (Syri i Kaltër) -
El Ojo Azul de Albania (Syri i Kaltër) es uno de los fenómenos naturales más hipnóticos de los Balcanes, un lugar donde geología, mito y paisaje se combinan para crear un enclave que parece casi irreal. Situado en el sur del país, entre Saranda y Gjirokastër, este manantial kárstico brota al
pie del macizo de Mali i Gjerë, en una zona protegida de unas 180 hectáreas cubierta por bosques densos de avellanos, nogales, cerezos, pinos y abetos. El entorno es tan frondoso que, al acercarse, el manantial aparece como un círculo luminoso en medio de un anfiteatro verde.
El nombre de “Ojo Azul” proviene de su aspecto: en el centro, un punto azul oscuro casi negro que parece una pupila; alrededor, un anillo turquesa y verde que recuerda al iris de un ojo humano. Esta forma se debe a la fuerza con la que el agua emerge desde las profundidades, creando un remolino constante que mantiene la superficie en movimiento. La temperatura del agua se mantiene entre 10 y 15 ºC durante todo el año, lo que explica su transparencia extrema y su color tan puro.
La profundidad real del manantial sigue siendo un misterio. Buceadores profesionales han descendido más de 50 metros, pero el fondo no ha sido alcanzado. Se cree que el manantial forma parte de un sistema subterráneo mucho más amplio, alimentado por las aguas que se filtran a través de las rocas calizas del macizo. De hecho, en las laderas de Mali i Gjerë existen al menos 18 surgencias similares, aunque ninguna tan espectacular como Syri i Kaltër.
El Ojo Azul no es solo un fenómeno geológico: también ha sido un lugar cargado de simbolismo. Durante la época comunista, el acceso estaba restringido y solo los altos cargos del régimen podían visitarlo, lo que contribuyó a su aura de lugar secreto. Hoy es uno de los puntos más visitados del sur de Albania, aunque sigue conservando una atmósfera tranquila, especialmente a primera hora de la mañana, cuando la luz del sol cae directamente sobre el agua y el color se vuelve aún más intenso.
El manantial alimenta el río Bistrica, que fluye hacia el
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La Casa Skënduli de Gjirokastër es una de las residencias otomanas más auténticas y mejor conservadas de Albania. |
mar Jónico, y su caudal es tan potente que se ha utilizado históricamente para abastecer a las poblaciones cercanas. A pesar de su popularidad, el baño está prohibido para preservar el ecosistema y evitar daños en la surgencia.
La comida de hoy es una compra que hicimos en el super el día de antes, el lugar esta muy bien preparado con mesas y a cubierto construido de madera muy acorde del lugar, solo hay que consumir una cerveza y lo demás es gratis, aunque parte del grupo no ha tomado nada a pesar que el guía había puesto esta condición para usar este magnifico lugar.
De vuelta a Gjirokastër, y ya es de noche, pero todavía podemos visitar una casa típica Otomana de esta ciudad.
- CASA SKENDULI -
La Casa Skënduli de Gjirokastër es una de las residencias otomanas más auténticas y mejor conservadas de Albania, y su historia no solo refleja la vida de una familia acomodada durante los siglos XVIII y XIX, sino también los cambios políticos y sociales que atravesó el país, incluida su expropiación durante el régimen comunista.
La casa fue construida a comienzos del siglo XVIII y ampliada en torno a 1823–1827, coincidiendo con la época de mayor prosperidad de Gjirokastër.
Perteneció a la influyente familia Skënduli, comerciantes y terratenientes con un papel destacado en la vida económica de la ciudad. Su arquitectura responde al modelo de “casa torre” típico de Gjirokastër: sólida, defensiva y al mismo tiempo refinada.
Contaba con nueve chimeneas, símbolo directo de riqueza; seis salas ceremoniales para recibir invitados; espacios separados para hombres y mujeres según la tradición otomana; techos tallados a mano; frescos decorativos; ventanas con celosías; y un ingenioso sistema de recolección de agua de lluvia que abastecía a toda la vivienda. También incluía elementos defensivos, como pequeñas aberturas para vigilar el exterior, algo habitual en las casas nobles de la ciudad.
La historia de la casa dio un giro radical tras la Segunda Guerra Mundial. Con la llegada al poder del régimen comunista de Enver Hoxha —nacido, precisamente, en Gjirokastër— se inició un proceso masivo de nacionalización y expropiación de propiedades privadas. La Casa Skënduli fue confiscada y pasó a manos del Estado. Durante décadas se utilizó con fines administrativos y museísticos, pero sin una restauración adecuada y sin la participación de la familia original. Como ocurrió con muchas otras casas históricas de la ciudad, la falta de mantenimiento y el uso institucional provocaron un deterioro progresivo.
Tras la caída del régimen en 1991, comenzó un largo proceso de devolución de propiedades. La familia Skënduli recuperó finalmente la casa, aunque en un estado muy deteriorado. A partir de ese momento emprendieron una restauración minuciosa, financiada en gran parte por ellos mismos, con el objetivo de devolverle su aspecto original. Gracias a ese esfuerzo, hoy la casa conserva la mayor parte de sus elementos auténticos, algo excepcional en Gjirokastër, donde muchas residencias históricas fueron modificadas o reconstruidas.
Actualmente, la Casa Skënduli funciona como museo privado, gestionado por descendientes directos de la familia. La visita suele incluir explicaciones personales sobre la historia de la casa, su arquitectura, las costumbres familiares y el periodo de expropiación,
lo que aporta un valor añadido y una perspectiva íntima que no se encuentra en otros museos.
La casa Skënduli está muy bien distribuida, con estancias organizadas según las costumbres de la época. Dispone de habitaciones separadas para hombres y mujeres, además de otros espacios destinados a la vida familiar, la recepción de invitados y las actividades cotidianas. Todo ello refleja una estructura doméstica tradicional cuidadosamente planificada y adaptada a las necesidades sociales y culturales de su tiempo
La sociedad albanesa en época otomana combinaba las estructuras del Imperio con las tradiciones locales. La población se dividía principalmente entre musulmanes, ortodoxos y católicos, que convivían con relativa estabilidad. En las ciudades surgió una élite de familias ricas que actuaban como intermediarias del poder otomano, mientras que en las zonas montañosas predominaban los clanes, muy autónomos y regidos por el Kanun, un código tradicional basado en el honor. Fue una sociedad híbrida, donde la influencia otomana se mezcló con costumbres albanesas muy arraigadas.
Es, en definitiva, esta casa uno de los lugares que mejor permiten comprender la vida doméstica, social y política de la Gjirokastër otomana y contemporánea.
- Platos típicos Albaneses -
La cena de esta noche, a pesar de haber cenado fenomenalmente la noche anterior en el Furra, vamos a ir a otro lugar que este menos concurrido, como el Hotel Bar Restaurant KODRA, y también podemos probar los platos típicos albaneses que nos faltaban.
La comida típica albanesa combina influencias mediterráneas, balcánicas y otomanas, y se caracteriza por platos profundamente caseros, elaborados con verduras frescas, carnes a la parrilla, yogur espeso, quesos locales y panes tradicionales que acompañan prácticamente cualquier comida; es una cocina sencilla en apariencia, pero llena de matices, aromas y texturas que reflejan la diversidad del país.
Entre los entrantes más populares destaca el byrek, una masa fina y crujiente que puede
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Plato de fërgesë , en el restaurante Kodra de Gjirokastër. |
rellenarse de espinacas, queso, carne o verduras, y que nosotros probamos esa noche, recién hecho y todavía caliente, con ese equilibrio entre ligereza y contundencia que lo convierte en un imprescindible de la gastronomía albanesa. También probamos la fërgesë, un plato típico de Tirana elaborado con pimientos, tomate y queso cottage que, al cocinarse lentamente, adquiere una textura cremosa y un sabor profundo, ligeramente ácido y muy reconfortante; es uno de esos platos que parecen humildes, pero que resumen a la perfección el espíritu de la cocina local.
La ensalada albanesa, preparada con tomate, pepino, cebolla y, en ocasiones, queso blanco, se ha convertido en una presencia constante en nuestra mesa durante varios días; fresca, sencilla y muy equilibrada, funciona como acompañamiento universal y refleja la importancia de los productos de temporada en la dieta cotidiana.
En cuanto a los platos principales, destacan las qofte, albóndigas especiadas que suelen servirse con yogur o cebolla y que combinan muy bien con panes calientes o patatas fritas.
el tavë kosi, considerado el plato nacional, mezcla cordero al horno con yogur y huevo, creando una especie de gratinado suave y aromático que resulta sorprendentemente ligero.
el tavë dheu, una cazuela de barro donde la carne se guisa con tomate, especias y queso hasta obtener una textura melosa y un sabor intenso; el kukurec, un asado tradicional de casquería reservado a celebraciones y ocasiones especiales.
Y por supuesto, las omnipresentes carnes a la parrilla (mish në zgarë), especialmente el cordero y la ternera, que se preparan con una sencillez casi ritual y que destacan por la calidad del producto y el punto exacto de cocción.
En las zonas costeras predominan los platos de pescado fresco, que llegan a la mesa con una naturalidad que recuerda a otras regiones mediterráneas; la trucha del lago Ohrid, el calamar a la parrilla o el pescado al horno con limón y hierbas son ejemplos de una cocina marinera que apuesta por la frescura y la simplicidad, dejando que el sabor del producto sea el protagonista.
Recuerdo especialmente el plato de fërgesë que probamos en el restaurante Kodra de Gjirokastër, servido en cazuela de barro y con un aroma que llenaba la mesa antes incluso de probarlo; un ejemplo perfecto de cómo la cocina albanesa combina tradición, ingredientes locales y una elaboración que respeta los tiempos y la esencia de cada producto.
En repostería destacan el trilece, un bizcocho empapado en tres tipos de leche que resulta suave, dulce y sorprendentemente ligero; el baklava, herencia directa del mundo otomano, elaborado con capas de masa filo, nueces y almíbar; y el kabuni, un postre de arroz con pasas y canela que suele servirse en ocasiones especiales y que combina dulzor, especias y una textura muy particular.
Todo ello suele acompañarse de rakia, el licor tradicional que aparece en celebraciones, sobremesas y brindis improvisados, o de vinos locales, cada vez más apreciados, que reflejan la recuperación de la tradición vitivinícola del país.
30 Diciembre 2025 - Apolonia y Fin de año en Berat
- Ruinas de Apolonia -
La primera visita de hoy es Apolonia de Iliria se alza como uno de los enclaves arqueológicos más evocadores de
Albania; una ciudad que nació del encuentro entre colonos griegos y poblaciones ilirias, y que, a lo largo de casi un milenio, acumuló capas de historia, poder y cultura.
Fundada hacia el 588 a. C. por griegos de Corinto y Corfú, la polis se asentó sobre una colina fértil que dominaba la llanura del río Aoos; desde allí controlaba rutas comerciales, tierras agrícolas de enorme productividad y un puerto que conectaba el interior balcánico con el Adriático. Su mezcla de población griega e iliria generó una identidad híbrida, dinámica y abierta, que favoreció el crecimiento económico y la expansión urbana.
Durante la época helenística, Apolonia alcanzó un notable prestigio intelectual; su escuela filosófica atrajo a jóvenes aristócratas romanos, y la tradición afirma que Octavio —el futuro Augusto— estudió allí antes de ser llamado a Roma tras el asesinato de César.
La ciudad prosperó gracias al comercio del aceite, el vino y los cereales; sus murallas, templos y edificios públicos reflejaban una riqueza sostenida, y su vida cívica giraba en torno al ágora, el bouleuterion y los santuarios dedicados a Artemisa, Apolo y Zeus.
Con la llegada de Roma, lejos de decaer, Apolonia se transformó en un municipium privilegiado; recibió inversiones, adoptó nuevas formas arquitectónicas y se integró plenamente en la red administrativa romana, lo que reforzó su papel como centro regional.
El declive llegó de forma abrupta en el siglo III d. C.; un terremoto desvió el curso del Aoos y convirtió el puerto en un pantano inutilizable, lo que aisló a la ciudad del comercio marítimo y provocó un éxodo progresivo. La población se desplazó hacia zonas más seguras y accesibles, y la antigua polis quedó abandonada, aunque nunca del todo olvidada; en la Edad Media, monjes bizantinos levantaron el monasterio de Santa María sobre la acrópolis, reutilizando columnas, capiteles y sillares de los templos paganos, y dotando al lugar de una nueva vida espiritual.
Todo el conjunto forma un paisaje arqueológico donde se entrelazan Grecia, Iliria, Roma
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Estatua de bronce de Zeus. Museo arqueológico de Apolonia. |
y Bizancio; un lugar donde el tiempo parece avanzar con lentitud y donde cada piedra conserva la memoria de una ciudad que fue, durante siglos, una de las joyas del Adriático.
- Los ilirios -
Los ilirios forman uno de los pueblos más antiguos y enigmáticos de los Balcanes; un conjunto de tribus que, durante más de un milenio, ocuparon un territorio amplio y diverso que iba desde la costa adriática de la actual Albania hasta las montañas de Bosnia, Montenegro, Kosovo y partes de Croacia y Serbia.
No fueron un “estado” unificado, sino una constelación de clanes y reinos locales; cada uno con sus jefes, sus santuarios y sus tradiciones, pero unidos por una lengua emparentada, costumbres comunes y un estilo de vida profundamente marcado por la guerra, el pastoreo y el comercio.
Su origen se remonta a la Edad del Bronce; las primeras comunidades ilirias se formaron a partir de poblaciones locales que adoptaron nuevas tecnologías, armas y formas de organización.
Con el tiempo surgieron tribus poderosas como los taulantios, los dardanios, los ardiaios o los liburnios; algunas controlaban rutas marítimas, otras dominaban pasos montañosos estratégicos, y otras se especializaron en la metalurgia o en el comercio de sal, ganado y esclavos.
Su reputación como guerreros era célebre; los autores griegos los describen como fieros, orgullosos y difíciles de someter, aunque también reconocían su habilidad como navegantes y su capacidad para integrarse en redes comerciales mediterráneas.
La relación con el mundo griego fue compleja; hubo conflictos, alianzas, matrimonios mixtos y una intensa circulación de objetos y estilos artísticos. Ciudades como Apolonia o Epidamnos (Durrës) nacieron como colonias griegas en territorio ilirio, y durante siglos coexistieron con las tribus locales, influyéndose mutuamente. En época helenística surgieron reinos ilirios más centralizados, como el de Agrón y la célebre reina Teuta; su poder naval llegó a desafiar a Roma, lo que desencadenó las Guerras Ilirias y, finalmente, la incorporación del territorio al dominio romano.
Bajo Roma, los ilirios no desaparecieron; muchos se integraron en el ejército, donde destacaron por su disciplina y resistencia. De hecho, varios emperadores romanos de los siglos III y IV procedían de familias ilirias, como Diocleciano, Aureliano o Probo; su ascenso muestra hasta qué punto estas poblaciones se habían convertido en un pilar del imperio. Con el tiempo, la romanización transformó su lengua y sus instituciones, pero ciertos elementos culturales —nombres personales, rituales funerarios, símbolos tribales— persistieron durante generaciones.
Hoy, la herencia iliria se percibe en la toponimia, en restos arqueológicos, en tradiciones pastoriles y en la identidad histórica de Albania, Montenegro y otras regiones balcánicas; aunque su lengua se perdió, su legado sigue vivo en la memoria cultural de los pueblos que habitan esas tierras.
Dentro del enclave arqueológico de la Apolonia griega también se puede disfrutar de un monasterio de la época bizantina.
- El monasterio bizantino de Santa María de Apolonia -
El monasterio bizantino de Santa María de Apolonia es uno de los lugares más sugestivos de Albania; un punto donde la espiritualidad medieval se superpone a las ruinas
de una gran ciudad antigua, creando un paisaje histórico único y profundamente evocador. A continuación tienes una descripción amplia, continua y rica en matices, tal como te gusta, sin saltos y con un ritmo narrativo fluido.
El monasterio se alza en la parte más alta de la antigua Apolonia, ocupando la acrópolis donde, siglos antes, se levantaban templos paganos y edificios cívicos griegos y romanos; cuando la ciudad cayó en declive tras el terremoto del siglo III d. C. y el puerto quedó inutilizado, la colina permaneció como un lugar sagrado y estratégico, y en la Edad Media los monjes bizantinos la transformaron en un centro espiritual que heredaba, de algún modo, la memoria del pasado clásico. El complejo monástico, dedicado a la Virgen María, comenzó a tomar forma entre los siglos XI y XIII; su iglesia principal, construida en piedra y ladrillo, combina elementos típicos del arte bizantino con influencias locales, y utiliza abundantes materiales reaprovechados de la antigua Apolonia: columnas, capiteles, bloques de mármol y fragmentos arquitectónicos que dan al conjunto un aire de continuidad histórica, como si el cristianismo medieval dialogara directamente con la ciudad grecorromana.
La iglesia destaca por su planta basilical y por su cúpula central, sostenida por pilares macizos que integran piezas antiguas; el interior conserva frescos de distintas épocas, algunos de los siglos XIII y XIV, donde se representan santos, ángeles, escenas bíblicas y motivos decorativos típicos del arte bizantino tardío. Aunque muchos frescos se han perdido o están fragmentados, los que sobreviven muestran una paleta cálida, rostros expresivos y un estilo que combina solemnidad espiritual con una sensibilidad profundamente humana. El nártex y las capillas laterales
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Iglesia de la Santísima Trinidad (Holy Trinity Church), ubicada dentro del histórico Castillo de Berat en la ciudad de Berat, Albania. |
conservan inscripciones y grafitos medievales que revelan la presencia de peregrinos, monjes y visitantes a lo largo de los siglos.
El claustro, adosado al costado del templo, es uno de los espacios más bellos del conjunto; sus arcos de ladrillo y piedra, algunos de ellos reconstruidos, crean un ambiente de silencio y recogimiento que contrasta con la amplitud del paisaje exterior. Desde allí se domina la llanura que un día alimentó a la antigua Apolonia; el horizonte se abre hacia campos, colinas suaves y el curso lejano del río, un panorama que explica por qué este lugar fue considerado sagrado durante tantos siglos. El monasterio también alberga un pequeño museo arqueológico instalado en antiguas dependencias monásticas; allí se exponen esculturas, inscripciones, cerámicas y objetos hallados en la ciudad antigua, lo que permite comprender la continuidad entre la Apolonia clásica y la Apolonia medieval.
Durante la época otomana, el monasterio siguió activo, aunque con menos recursos; su aislamiento lo protegió de grandes destrucciones, y su comunidad mantuvo viva la tradición ortodoxa en una región de cambios políticos y culturales. En el siglo XX, las excavaciones arqueológicas y los trabajos de restauración devolvieron al conjunto parte de su esplendor; hoy el monasterio es un punto de encuentro entre arqueología, arte bizantino y espiritualidad, un lugar donde el visitante puede sentir cómo las capas del tiempo se superponen sin romperse, creando una atmósfera de serenidad y memoria.
- Berat -
Son las 12:00 de la mañana y ponemos rumbo a Berat. Vamos a comer dentro de las murallas del castillo de Berat, mas concretamente en el restaurante Klea, la comida es estupenda, la mayoría de los platos lo acompañan con yogurt, que no es nada ácido. Salimos totalmente satisfechos de este restaurante.
Para ir a la ciudad vamos a ir paseando por las murallas y visitando varios sitios de interés como:
- La cabeza de Constantino el Grande en el castillo de Berat es una escultura real y muy conocida dentro del recinto fortificado. Se trata de una cabeza monumental de piedra, identificada como una representación de Constantino, ubicada en el interior de la fortaleza y considerada uno de sus elementos más fotografiados, y tiene valor simbólico por el vínculo histórico entre Berat y el mundo romano.
-La Iglesia de la Santísima Trinidad (Kisha e Shën Triadhës) es una de las construcciones bizantinas más elegantes de Berat. Se levantó entre los siglos XIII y XIV dentro del recinto del castillo, en la ladera sur, y destaca por su planta cruciforme, su cúpula central y el uso característico de ladrillo rojo combinado con piedra blanca, un sello distintivo del estilo bizantino tardío en Albania. En su interior conserva restos de frescos medievales con escenas bíblicas, aunque muchos están deteriorados por el tiempo. Forma parte del conjunto histórico de Berat, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, y es uno de los puntos más fotogénicos de la fortaleza gracias a su ubicación elevada y a las vistas que ofrece sobre el valle del Osum.
Berat es una de las ciudades habitadas más antiguas de Albania y un ejemplo excepcional de continuidad urbana a lo largo de más de dos milenios. Su origen se remonta a los ilirios, que fundaron una fortaleza conocida como Antipatrea, un asentamiento
estratégicamente situado sobre el valle del río Osum.
Durante el periodo romano, la ciudad mantuvo su importancia como punto defensivo y administrativo, y tras la división del Imperio pasó a formar parte del mundo bizantino, adoptando el nombre de Pulcheriopolis en honor a la emperatriz Pulqueria. A partir de la Alta Edad Media, Berat se convirtió en un territorio disputado entre búlgaros, bizantinos y serbios, reflejando la inestabilidad política de los Balcanes.
En el siglo XIII, bajo el Segundo Imperio Búlgaro, la ciudad adquirió el nombre de Beligrad, “ciudad blanca”, que evolucionaría hacia Berat, y famosa por sus terrazas que le dieron el sobrenombre de “la ciudad de las mil ventanas”.
Durante el dominio bizantino tardío, especialmente en los siglos XIII y XIV, la ciudad experimentó un notable desarrollo religioso y artístico, con la construcción de iglesias como la de la Santísima Trinidad y la de San Miguel, que aún hoy conservan restos de frescos medievales. En 1280–1281, Berat fue escenario de un episodio militar célebre: la batalla en la que las fuerzas bizantinas derrotaron a los angevinos de Carlos de Anjou, frenando temporalmente la expansión latina en los Balcanes.
La llegada del Imperio Otomano en el siglo XV transformó profundamente la ciudad. Berat se convirtió en un centro administrativo del sanjacato de Vlora y floreció como núcleo artesanal y comercial. Durante esta etapa se consolidó la estructura urbana que hoy define su identidad: barrios cristianos y musulmanes conviviendo en armonía, casas de piedra y madera dispuestas en terrazas sobre la ladera, y una arquitectura doméstica que alcanzó su máxima expresión entre los siglos XVIII y XIX. Las casas de grandes ventanales, alineadas una sobre otra, dieron origen
al sobrenombre de “la ciudad de las mil ventanas”.
En este periodo se construyeron también importantes monumentos islámicos, como la Mezquita del Rey, la Mezquita de los Solteros y varios tekkes bektashíes, que coexistían con iglesias ortodoxas ricamente decoradas.
El castillo de Berat, habitado de forma continua desde la Antigüedad, siguió siendo un núcleo vivo durante la época otomana. Dentro de sus murallas se desarrolló un barrio cristiano con numerosas iglesias, entre ellas la Catedral de la Dormición, que hoy alberga el Museo Onufri, dedicado al célebre pintor de iconos del siglo XVI.
La presencia simultánea de mezquitas, iglesias y tekkes convirtió a Berat en un símbolo de tolerancia religiosa y convivencia cultural.
En el siglo XIX, la ciudad se vio influida por el despertar nacional albanés. Berat fue un centro de actividad intelectual y política, y en 1912 desempeñó un papel relevante en el proceso de independencia del país. Durante el periodo comunista, aunque muchas tradiciones religiosas fueron reprimidas, el núcleo histórico de Berat se preservó en gran medida, y en 1961 la ciudad fue declarada “ciudad-museo” por el Estado albanés.
Tras la caída del régimen en 1991, Berat inició un proceso de restauración y reapertura cultural que culminó en 2008, cuando la UNESCO la incluyó en la lista del Patrimonio Mundial junto con Gjirokastër. La organización destacó su arquitectura vernácula excepcional, la continuidad de su tejido urbano desde la época iliria hasta la otomana y su valor como testimonio de coexistencia religiosa.
Hoy, Berat es un destino emblemático de Albania, donde la historia se percibe en cada calle empedrada, en las fachadas blancas que miran al río y en la fortaleza que domina el paisaje desde lo alto,
recordando la larga y compleja trayectoria de una ciudad que ha sabido conservar su identidad a través de los siglos.
Nos preparamos para el fin de año, estamos en el "hotel Colombo", la cena es abundante pero no muy buena, somos casi 200 personas en distintas mesas y la comida es como de cuartel, además hay un disc jockey, que tiene la música a tope y se es bastante molesto, nosotros cenamos y nos vamos a dormir pronto.
1 Enero 2026 - Cascada Bogova - Berat
El año ha amanecido helado por todas partes, y nos vamos a la "Ujëvara e Bogovës", que es una de las cascadas más bellas de Albania, situada dentro del Parque Nacional del Monte Tomorr, a unos cuarenta minutos de Berat.
Se trata de una caída de agua de aproximadamente veinte metros que desemboca en una poza de color turquesa intenso, famosa por la pureza y el frío de sus aguas incluso en pleno verano.
El sendero que conduce a la cascada comienza en el pueblo de Bogovë y sigue el curso del río a través de un paisaje de bosques, rocas y pequeños saltos de agua; es una caminata sencilla de unos treinta a cuarenta minutos, accesible para la mayoría de visitantes.
- barrio de Mangalem -
Del vuelta a Berat, por la tarde tenemos tiempo libre y nos vamos a pasear al barrio de Mangalem, que es el corazón visual y emocional de Berat, el barrio que define la famosa “ciudad de las mil ventanas”. Toda su estructura parece un anfiteatro natural: casas blancas escalonadas en la ladera, ventanas alineadas como si miraran al valle del Osum, callejuelas empedradas que serpentean entre muros antiguos y una atmósfera que conserva intacto el espíritu otomano.
Según las fuentes, Mangalem es un ejemplo excepcional de urbanismo y arquitectura otomana, con casas de varias plantas, fachadas blancas y miradores de madera que se asoman al río y al Monte Tomorr.
También se describe como uno de los barrios otomanos mejor preservados de Albania, situado entre el río Osum y la ciudadela de Kalaja, con calles empinadas y tejados de terracota que descienden en cascada por la colina .
El barrio forma parte del conjunto histórico declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, junto con Gorica y Kalaja, por su extraordinaria conservación de arquitectura otomana y bizantina . Pasearlo es entrar en un paisaje urbano que ha cambiado muy poco desde el siglo XVIII, cuando artesanos procedentes de Voskopojë revitalizaron la zona con sus oficios y su estilo de vida, dejando una huella que aún se percibe en la densidad y el carácter de sus viviendas tradicionales.
- Puente de Gorica -
Nuestro recorrido circular nos hace pasar por el puente de Gorica. El Puente de Gorica es uno de los símbolos más profundos y evocadores de Berat, una estructura que une no solo dos orillas del río Osum, sino también dos almas de la ciudad: la tranquila Gorica y la luminosa Mangalem.
Construido originalmente en madera hacia 1780 y reconstruido en piedra en la década de 1920, el puente conserva su elegancia otomana con siete arcos que se reflejan en el agua como una secuencia perfecta de curvas antiguas.
Su longitud alcanza los 129 metros y se eleva unos 10 metros sobre el nivel del río, lo que le da una presencia majestuosa sin perder su delicadeza .
Caminar por él es entrar en un corredor
de historia: la piedra clara, el sonido del agua, la vista directa hacia las casas escalonadas de Mangalem y, al otro lado, la serenidad del barrio de Gorica.
Muchos viajeros lo consideran uno de los mejores lugares para contemplar Berat al atardecer, cuando los arcos se tiñen de dorado y el río refleja la luz como un espejo antiguo .
A pesar de su antigüedad, el puente ha sido restaurado en varias ocasiones, incluida una renovación importante en 2015, lo que permite que siga siendo un paso vivo y muy transitado tanto por locales como por visitantes . Es un punto imprescindible para entender la ciudad: uniendo barrios, épocas y estilos de vida, el Puente de Gorica es, en esencia, la puerta más hermosa hacia la Berat histórica. Desde el puente y durante el ocaso se puede observar un sinfonía de colores fantásticos del monte Tomorr.
- El Monte Tomorr -
El Monte Tomorr se alza al este de Berat como una muralla de piedra antigua que parece custodiar la ciudad desde tiempos inmemoriales.
Su silueta, visible desde casi cualquier punto del valle, domina el horizonte con una presencia que es a la vez geográfica, histórica y espiritual.
A medida que uno se acerca, la montaña revela su carácter: laderas cubiertas de bosques densos, barrancos abruptos, praderas altas que en verano se llenan de flores y, más arriba, un reino mineral donde el viento sopla sin obstáculos.
Con más de dos mil cuatrocientos metros de altura, Tomorr es uno de los picos más imponentes del sur de Albania y forma el corazón de un parque nacional que protege una biodiversidad sorprendente, desde osos y lobos hasta águilas que planean sobre los acantilados.
Pero la grandeza del Tomorr no es solo natural; es también un lugar profundamente
sagrado. Para la comunidad bektashí, la montaña es un santuario vivo, escenario de peregrinaciones que cada agosto reúnen a miles de personas que ascienden hasta el tekke de la cima para rendir homenaje a Abaz Ali.
Incluso fuera de esas fechas, la cumbre transmite una sensación de recogimiento y solemnidad que contrasta con la dureza del paisaje. Desde Berat, la subida al Monte Tomorr es una experiencia que combina aventura y contemplación. Las rutas 4x4 serpentean por pistas de montaña que se abren paso entre bosques y crestas, ofreciendo vistas que se expanden con cada curva.
Quienes prefieren caminar encuentran senderos exigentes pero recompensados por panorámicas que abarcan todo el valle del Osum, las colinas onduladas del centro del país y, en días claros, incluso las montañas del sur. La relación entre Berat y el Tomorr es íntima: la ciudad parece apoyarse en la montaña, y la montaña, a su vez, parece velar por la ciudad.
Desde el castillo, la vista hacia el este muestra la masa inmensa del Tomorr cambiando de color según la hora: azul profundo al amanecer, plateado al mediodía, púrpura al atardecer.
Para muchos viajeros, visitar Berat sin sentir la presencia del Monte Tomorr sería perder una parte esencial del espíritu del lugar, porque la montaña no es solo un paisaje, sino una presencia que acompaña, inspira y da forma a la identidad de toda la región.
Regresamos a nuestro hotel a dejar los bultos y luego cenamos pizza en el Boulevard Republika.
El Boulevard Republika es la gran arteria peatonal de la Berat moderna, un espacio amplio, arbolado y luminoso que funciona como el “pulso social” de la ciudad. Es el lugar donde la vida cotidiana se hace visible: familias paseando, jóvenes en bicicleta, ancianos conversando en los bancos, camareros moviéndose entre terrazas llenas y el murmullo constante del río Osum muy cerca.
A diferencia de los barrios históricos —Mangalem y Gorica— que conservan la atmósfera otomana, el boulevard representa la Berat contemporánea: cafés elegantes, restaurantes, heladerías,
parques y una secuencia de edificios que se abren hacia la montaña Tomorr y hacia la vista icónica de las “mil ventanas”.
Y ya de vuelta a nuestro lujoso hotel.
El Hotel Colombo de Berat se presenta como un gran palacio moderno levantado a la entrada de la ciudad, un edificio amplio y luminoso que destaca por su escala y por una estética que mezcla mármol, columnas y espacios abiertos. Desde fuera ya transmite la sensación de ser un hotel pensado para impresionar, y al entrar se confirma: un vestíbulo enorme, techos altos, superficies brillantes y una atmósfera que combina lujo accesible con un cierto aire ceremonial.
Las habitaciones siguen esa misma línea, amplias, muy limpias, con camas grandes, textiles cuidados y baños generosos; muchas de ellas se abren hacia vistas que abarcan el castillo, el valle del Osum o las montañas que rodean Berat. El hotel funciona como un pequeño mundo propio: desayuno abundante con productos locales, cafetería, restaurante, spa, aparcamiento amplio y un personal que suele recibir elogios por su amabilidad y eficiencia.
Su ubicación, en Rruga Santa Lucia, permite llegar caminando al Boulevard Republika y al centro moderno, mientras que el casco histórico queda a un paseo algo más largo pero agradable.
Para muchos viajeros, el Colombo es la opción ideal cuando se busca comodidad, amplitud y un punto de elegancia en una ciudad donde la mayoría de alojamientos son más pequeños y tradicionales; para otros, es simplemente un refugio cómodo desde el que explorar Berat sin renunciar a un entorno espacioso y bien equipado.
2 Enero 2026 - Regreso a Tirana - Madrid
Después de no mucho rato de autobús, ya estamos de nuevo en Tirana.
Tirana, hoy capital vibrante de Albania, tiene un origen mucho más antiguo de lo que su apariencia moderna sugiere. En el año 520, durante el Imperio Bizantino, el emperador Justiniano I mandó construir una fortaleza llamada Trikan, que marcó uno de los primeros asentamientos organizados en la zona.
Con el
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Estatua en la La Catedral de San Pablo de la Santa Madre Teresa de Calcuta, durante más de 45 años atendió a pobres, enfermos, huérfanos y moribundos, y tras su muerte, fue beatificada por el papa Juan Pablo II. |
paso de los siglos, el lugar permaneció como un pequeño núcleo rural mencionado en documentos del siglo XV bajo el nombre de Tyrenae, y ya bajo dominio otomano .
La verdadera fundación urbana de Tirana llegó en 1614, cuando el general otomano Suleiman Pasha estableció una mezquita, un hammam y un bazar, creando así el corazón de la futura ciudad.
A partir de ese momento, Tirana creció de forma constante, convirtiéndose en un centro regional importante durante los siglos XVIII y XIX. En 1821 se completó la mezquita de Et’hem Bey, uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad y símbolo de su identidad otomana tardía.
Durante el siglo XIX, Tirana se consolidó como un punto administrativo relevante dentro del Imperio Otomano, llegando a ser capital de una sub‑prefectura del vilayato de Shkodër en 1807 . A finales de ese siglo, la ciudad se convirtió también en un foco cultural: en 1889 comenzaron a enseñarse clases de lengua albanesa, un gesto clave en el despertar nacional .
El gran giro llegó en el siglo XX. Tras la independencia de Albania en 1912, Tirana fue elegida capital del país en 1920, lo que impulsó su transformación urbana y política. Durante la dictadura comunista de Enver Hoxha (1944–1991), la ciudad vivió un aislamiento extremo, con una planificación rígida, arquitectura monumental y una vida pública controlada. Este periodo dejó huellas visibles: la Pirámide, los búnkeres, los grandes bulevares y la estética austera que aún se mezcla con lo nuevo.
Con la caída del régimen en 1991, Tirana experimentó una apertura brusca al mundo. La ciudad, descrita durante décadas como caótica y sin nombres en muchas de sus calles, inició un proceso acelerado de reconstrucción y modernización, mezclando restos otomanos, arquitectura comunista y edificios contemporáneos en un mosaico urbano único.
En las últimas décadas, Tirana ha vivido un renacimiento: colores vivos en las fachadas, nuevos parques, museos, espacios culturales y una energía social que refleja la transición del país hacia una modernidad abierta y creativa.
Hoy, Tirana es una ciudad que combina pasado y presente sin pretensiones: caótica, colorida, modesta y sorprendente, una capital que no busca impresionar, pero que termina conquistando a quienes la recorren .
Tenemos tiempo libre hoy por la mañana, (el vuelo a Madrid sale por la tarde), y vamos a recorrer el boulevard con las siguiente visitas:
- Catedral católica de San Pablo -
La Catedral de San Pablo de Tirana (en albanés, Katedralja e Shën Palit) es la catedral católica de Tirana, capital de Albania. Fue concluida en 2001, y pertenece a la arquidiócesis de Tirana-Durrës. El edificio, de aspecto moderno, posee una vidriera representando al Papa Juan Pablo II y la Madre Teresa de Calcuta.
Cuando el Papa Juan Pablo II visitó Albania en 1993, colocó la primera piedra de la iglesia. Se inauguró formalmente el 26 de enero de 2002.
La catedral está construida con una forma combinada de triángulo y círculo, que representan a la Santísima Trinidad y la Eternidad de Dios respectivamente, y presenta un interior relativamente sencillo. En la parte posterior hay una pila bautismal con un cirio pascual. En la parte superior del edificio hay una estatua del apóstol Pablo.
-Teresa de Calcuta-
Teresa
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Reunión de fieles en la Mezquita Namazgah. Tirana. Albania. |
de Calcuta, MC (Uskub —actual Skopie, Macedonia del Norte—; 26 de agosto de 1910-Calcuta, 5 de septiembre de 1997), de nombre secular Anjezë Gonxhe Bojaxhiuy también conocida como Santa Teresa de Calcuta, Madre Teresa de Calcuta o Santa Madre Teresa de Calcuta fue una monja católica de nacionalidad albanesa e india, que fundó la congregación de las Misioneras de la Caridad en Calcuta en 1950.
Durante más de 45 años atendió a pobres, enfermos, huérfanos y moribundos, al mismo tiempo que guiaba la expansión de su congregación, en un primer momento en la India y luego en otros países del mundo.
Tras su muerte, fue beatificada por el papa Juan Pablo II.
Su canonización fue aprobada por el papa Francisco en diciembre de 2015, después de que la Congregación para las Causas de los Santos reconociera como extraordinaria la curación de un brasileño enfermo en estado terminal.
El acto oficial de canonización tuvo lugar en Roma en la mañana del domingo 4 de septiembre de 2016.
Agnes descubrió su vocación desde temprana edad, y para 1928 ya había decidido que estaba destinada a la vida religiosa. Fue entonces cuando optó por cambiar su nombre a «Teresa» en referencia a la santa patrona de los misioneros, Teresa de Lisieux.
Si bien dedicó los siguientes 20 años a enseñar en el convento irlandés de Loreto, comenzó a preocuparse por los enfermos y por los pobres de la ciudad de Calcuta.
Esto la llevó a fundar una congregación con el objetivo de ayudar a los marginados de la sociedad, primordialmente enfermos, pobres y personas que no tenían hogar.
En la década de 1970 era conocida internacionalmente y había adquirido reputación de persona humanitaria y defensora de los pobres e indefensos, en parte por el documental y libro Something Beautiful for God, de Malcolm Muggeridge. Obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 1979 y el más alto galardón civil de la India, el Bharat Ratna, en 1980, por su labor humanitaria. A ellos se sumaron una decena de premios y reconocimientos de primer nivel, tanto nacionales como internacionales.
Recibió elogios de muchas personas, gobiernos y organizaciones. Sin embargo, afrontó también una serie de críticas, como las objeciones de Christopher Hitchens, Michael Parenti, Aroup Chatterjee y el Consejo Mundial Hindú, que le achacaron una mentalidad reaccionaria y criticaron la deficiente atención en sus centros.
En 2010, en el centenario de su nacimiento, fue homenajeada en todo el mundo, y su trabajo elogiado por la presidenta india Pratibha Patil.
- El Mezquita Namazgah -
El Mezquita Namazgah (albanés: Xhamia y Namazgjasë, lit. 'Mezquita de la Plaza de Oración'), también conocido como el Gran Mezquita de Tirana, es una mezquita Sunni, ubicada en Tirana, Albania.
Con una capacidad para 10.000 fieles, es la mezquita más grande del mundo Balcanes. Incluso después de la Caída del comunismo en Albania, en 1991, Albaneses musulmanes a menudo se quejaba sobre ser discriminado. Mientras que un Ortodoxo oriental y católico romano catedrales Se construyeron, los musulmanes albaneses no tenían una mezquita central y tuvieron que rezar en las calles hasta 2016.
En 1992, el entonces presidente, Sali Berisha, colocó la primera piedra de la mezquita que se construirá cerca de la plaza Namazgah, cerca
del parlamento albanés. La construcción se retrasó después de que el presidente del parlamento, Pjetër Arbnori, a Católico, impugnó los planes.
La decisión de construir la mezquita fue tomada en 2010 por el alcalde de Tirana, Edi Rama, y la mezquita se consideró necesaria porque sólo había ocho mezquitas en la ciudad, frente a las 28 de 1967, debido a la destrucción durante el era comunista. Durante Fiestas islámicas, el Plaza Skanderbeg estaba lleno de fieles musulmanes, porque el Era otomana Mezquita Et'hem Bey, en aquel momento la mezquita principal de Tirana, tenía una capacidad para sólo 60 personas. Lluvia hecha Sermones del viernes imposible.
La construcción de la nueva mezquita se inició en 2015 con una financiación de 30 millones euros (US$34 millones) provenientes en parte de la Diyanet de Turquía. En 2015, el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan visitó Albania para el inauguración Ceremonia de la mezquita. La mezquita fue inaugurada oficialmente el 10 de octubre de 2024, en una ceremonia en la que Erdoğan y el ex alcalde y entonces primer ministro albanés, Rama, pronunciaron discursos. Se esperaba que la nueva mezquita aumentara el turismo y reemplazó a la mezquita Et'hem Bey como mezquita principal de la ciudad.
- Futuro de Albania, un gran país -
El futuro de Albania se perfila como el de un país que, tras décadas de transición y contradicciones, ha entrado finalmente en una fase de madurez y confianza. Su economía, impulsada por un turismo en expansión, por la modernización de infraestructuras y por una creciente inversión extranjera, muestra una estabilidad que hace apenas veinte años parecía inalcanzable.
El crecimiento sostenido, aunque moderado, indica que el país ya no depende de impulsos puntuales, sino de una base económica más sólida, diversificada y conectada con Europa. La mejora del empleo, el aumento de salarios y la reducción gradual de la pobreza apuntan a una sociedad que empieza a sentir que el progreso no es una promesa abstracta, sino una experiencia cotidiana.
En el plano social y político, Albania avanza hacia instituciones más fuertes y transparentes. Las reformas judiciales, aunque complejas y a veces polémicas, están sentando las bases para un sistema más justo y menos vulnerable a la corrupción.
La sociedad civil es cada vez más activa, más crítica y más exigente, lo que contribuye a una cultura democrática más viva. La juventud albanesa, pese a la emigración que sigue siendo un desafío, está mejor formada, más conectada con el mundo y más dispuesta a emprender, innovar y transformar su propio país.
La integración europea, lejos de ser un sueño lejano, se ha convertido en un horizonte plausible. Albania ha demostrado una capacidad notable para adaptarse a los estándares europeos, y el interés renovado de la Unión Europea por los Balcanes Occidentales abre una ventana de oportunidad histórica. Si el país mantiene el ritmo de reformas y estabilidad, su adhesión podría convertirse en el motor definitivo de modernización, inversión y confianza internacional.
En paralelo, Albania está descubriendo su propio potencial cultural y natural como un activo estratégico. Su patrimonio histórico, sus ciudades antiguas, sus montañas, sus playas y su gastronomía están atrayendo a un turismo cada vez más diverso y de mayor calidad. Este auge no solo genera ingresos, sino que impulsa la conservación del patrimonio, la creación de pequeñas empresas y el desarrollo de regiones que durante décadas quedaron al margen.
Todo esto dibuja un futuro en el que Albania puede convertirse en uno de los ejemplos más interesantes de transformación en Europa: un país que, partiendo de enormes dificultades, ha sabido reinventarse, abrirse al mundo y construir una identidad moderna sin renunciar a su historia. El optimismo no nace de la ingenuidad, sino de la evidencia de que Albania ya ha cambiado, y de que su trayectoria apunta hacia un crecimiento más equilibrado, una sociedad más abierta y un lugar cada vez más atractivo para vivir, trabajar y soñar.
Volvemos al Hotel para tomar el vuelo hacia Madrid, un vuelo que resulta tranquilo, y mas tarde un Bolt y en casita.
Hasta la próxima o el próximo viaje.