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Niza fue fundada por los griegos en el siglo IV a. | |
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Niza, Cannes, Montecarlo y Marsella — 6 al 13 de julio de 2025
Este viaje llegó por sorpresa. No pensábamos hacerlo tan pronto, pero las obras en casa de los vecinos han convertido el descanso en una misión imposible, así que decidimos escaparnos unos días.
Además, hay una novedad: aunque es un viaje organizado por la CAM, esta vez se puede contratar directamente por internet a través de El Corte Inglés. Eso sí, me quedé atascado al elegir el seguro, así que terminé yendo a la agencia de la avenida Valdelasfuentes, donde una chica muy amable me ayudó a cerrar la reserva sin complicaciones.
A la hora indicada, nos presentamos en el aeropuerto para embarcar en el vuelo con destino a Niza. Tras la llegada, nos asistieron y nos trasladaron al hotel. Cena y alojamiento incluidos para comenzar el viaje con buen pie.
Día 1 — 6 de julio de 2025 | Niza
Salimos de casa en Uber rumbo al aeropuerto de Madrid, T4. Aunque intentamos sacar los billetes por internet como nos indicó la chica de El Corte Inglés, no hubo manera. Nos pusimos a facturar en la cola de Iberia y probamos en las máquinas de facturación, pero tampoco funcionó. Al final, levanté la mano y una azafata se acercó. Nos explicó que, al tratarse de un billete grupal, teníamos que ir directamente al mostrador. Ya con los billetes en mano facturamos sin problema y llegamos tranquilamente a la puerta de embarque. Allí nos abordó un chico joven que nos preguntó si viajábamos con la CAM. Le dijimos que sí, y se presentó como Azim Carmona, nuestro guía. Me tocó sentarme con él en el avión, y aprovechamos para charlar, vive en Barcelona y tiene varios oficios, entre ellos el de guía para Panavisión, la mayorista de nuestro viaje. Azim fue adoptado de
un orfanato en India por una pareja madrileña y rápidamente su historia nos recordó a un niño que conocimos nosotros cuando viajamos hace ya unos años a la India, que era muy espabilado y que había aprendido español escuchando a los turistas.
Al llegar a Niza, descubrimos que no todos los viajeros son de la CAM, pero el grupo empieza a tener buen ambiente. Somos 21 personas, y ya se perfilan algunas figuras curiosas:
Edy es un peruano afincado en España desde hace años, muy educado y bastante agradable, también dos hermanas extremeñas componen el grupo, Isi y Pilar, son discretas y también tenemos afinidad con ellas; Isi es maestra en Madrid.
Remedios viaja con sus dos hijos adolescentes y que llevan media pensión. Apenas los veremos.
También el grupo se compone de una familia peculiar: un joven de unos veintitantos, su padre silencioso, y una tía alérgica a la lactosa que al menos habla algo.
Caso aparte es Ana Marina y Encarna, hermanas artistas; Ana es escultora y profesora de arte. En el aeropuerto parecían que se iban a colar, así que las apodamos “las colonas”, aunque luego descubrimos que una tenían billete en business y como es de esperar son muy conocedoras de la cultura de la provenza.
Otras dos hermanas, una de ellas profesora y fumadora empedernida. Hemos tenido poco contacto con ellas.
José Luis, un señor mayor de Oviedo, muy hablador, pero entrañable. y Óscar, de Ciudad Real, que viaja solo por convicción.
LaboratHelio, (que es su apodo), es un soltero de Almería que llega en otro vuelo.
Una pareja joven: ella, Fátima, muy pequeñita; él, altísimo (1,92 m), ideal para selfies gracias a su largo brazo. que conforman el grupo.
Puede que me esté olvidando de alguien… ¡el grupo es variado!
El vuelo fue
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El Château de la Castre, también conocido como Château du Suquet, es una joya medieval situada en la colina del Suquet, el barrio más antiguo de Cannes. |
tranquilo. Carlos se comió el bocata que llevábamos de casa, y yo me lo terminé mientras esperábamos las maletas en Niza.
Azim intentó reunirnos a todos antes de salir del aeropuerto, pero faltaba uno: LaboratHelio, que llegaba más tarde. En su despiste, Azim dejó su maleta abandonada, aunque finalmente volvió a por ella.
El guía nos llevó al centro de Niza, donde tuvimos tiempo libre para explorar por nuestra cuenta. El calor era intenso: 33 °C con humedad. Azim nos comentó que la semana anterior nadie quiso visitar nada por culpa del bochorno… así que empezamos con fuerza.
No dejan libres en la 🏛️ Plaza Masséna, que es el epicentro de Niza, donde la arquitectura clásica se mezcla con arte contemporáneo. Sus baldosas en blanco y negro crean un efecto visual muy llamativo. Es ideal para pasear, hacer fotos y sentir el pulso de la ciudad. De noche, las esculturas iluminadas le dan un aire mágico. Un lugar imprescindible en cualquier visita a la Costa Azul.
Presidiendo la plaza, la Fontaine du Soleil destaca con su imponente Apolo de siete metros. Rodeada por esculturas que representan los planetas, es una fuente que combina mitología y modernidad. Es punto de encuentro y parada obligatoria para fotos. Refrescante en verano, aunque solo visualmente. Un símbolo solar en pleno corazón de Niza.
Preguntamos a Azim qué lugares podríamos visitar, y nos recomienda el parque y una maravillosa cascada. Así que nos ponemos en marcha hacia allí. Antes de continuar, hacemos una parada estratégica para reponer fuerzas: un trozo de pizza de pan, agua y una Coca-Cola en una pâtisserie, donde insisten en hablarme en inglés, a pesar de que yo les hablo en francés… cosas del turismo.
Entramos en la Iglesia de Saint François de Paul, que es un pequeño templo barroco del siglo XVIII, situado cerca del mercado de flores y el puerto de Niza. A primera vista, su fachada discreta puede pasar desapercibida, pero al acercarse se revela su encanto sobrio y elegante. El interior ofrece un refugio fresco y silencioso, perfecto para escapar del calor mediterráneo por unos minutos. Sus muros pálidos contrastan con el mobiliario oscuro, especialmente el púlpito tallado con gran detalle. La atmósfera es tranquila, casi íntima, ideal para una pausa contemplativa en medio del bullicio turístico. Aunque no es una iglesia monumental, tiene una belleza serena que invita a quedarse un rato. Su estilo refleja el barroco provenzal, sin excesos, pero con carácter. Es uno de esos rincones que no aparecen en todas las guías, pero que dejan huella. Un oasis espiritual en pleno casco antiguo de Niza.
Seguimos por la Rue Jacques Chirac, bordeando una especie de muralla con el mar azul celeste como telón de fondo. Llegamos a un mercadillo donde compramos unas fresas que, aunque prometían mucho por su aroma, no estaban tan sabrosas como esperábamos.
Paseamos por la parte antigua de Niza, que nos recuerda bastante a Nápoles. La cercanía con Italia se nota en el aire decadente pero encantador de sus calles.
Hacemos otra parada en la Capilla de la Misericordia, buscando un poco de sombra y frescor. Un respiro necesario antes de seguir explorando.
Siguiendo la recomendación de Azim, nos dirigimos al Parque del Castillo, situado en la histórica Colline du Château, un lugar que fue el corazón de Niza
medieval. En la cima de esta colina se alzaba una imponente fortaleza, considerada una de las más inexpugnables del Mediterráneo. Sin embargo, en 1706, durante la Guerra de Sucesión Española, fue completamente destruida por orden de Luis XIV. Hoy, el parque es un remanso de paz, con senderos sombreados, restos arqueológicos y vistas espectaculares de la ciudad y la Bahía de los Ángeles.
Poco a poco llegamos a la Cascade du Donjon, una cascada artificial inaugurada en 1885 para celebrar el nuevo sistema de abastecimiento de agua desde el valle de Vesubie. En un día tan caluroso, el frescor del agua y la vegetación que la rodea se agradecen profundamente. Nos tomamos un helado Solero de maracuyá y mango, que nos revitaliza, junto con agua bien fría. Una pausa perfecta para recuperar energías.
Al descender hacia el punto de encuentro, pasamos por un cementerio judío, un colegio para ciegos, y disfrutamos de unas panorámicas impresionantes de la Côte d’Azur, con ese azul celeste tan característico de esta zona del Mediterráneo.
En el camino, descubrimos tiendas encantadoras: una crêperie con menú de crêpe salada y dulce (seguro que a Eva le encantaría), y comercios típicos como la boucherie, épicerie, fromagerie, además de tiendas de jabones artesanales y ropa. Un paseo que combina historia, belleza natural y sabor local.
La Plaza Garibaldi es una de las más antiguas y emblemáticas de Niza. Diseñada en 1773 y rebautizada en honor al héroe italiano Giuseppe Garibaldi, nacido en Niza, la plaza destaca por sus fachadas barrocas en tonos cálidos y su estatua central del propio Garibaldi. Los edificios que rodean la plaza, con sus arcadas y trampantojos, crean una atmósfera elegante y vibrante.
actualmente hay una escultura colosal en esta plaza, “El León Triunfante” del artista francés Richard Orlinski, en la Plaza Garibaldi, una de las plazas más importantes de Niza. Richard Orlinski se dedica al arte desde 2004. Imbuido de la cultura pop, el escultor crea un universo pop y colorido que es más decoración que arte contemporáneo.
Entramos
en un supermercado Monoprix para buscar un baño y refrescarnos un poco. El aire acondicionado se agradece, y aprovechamos para curiosear entre los productos locales.
Pasamos por el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo (MAMAC), que lamentablemente está cerrado por renovación hasta 2028. Aun así, su arquitectura moderna y su ubicación en el Paseo de las Artes lo convierten en un punto de referencia cultural de la ciudad.
Llegamos a la Avenida Félix Faure, donde el ambiente se vuelve más festivo. Hay músicos callejeros animando la tarde, y en medio de la avenida se encuentra el Miroir d’Eau, una fuente interactiva con chorros que emergen del suelo a intervalos. Niños y adultos se refrescan entre risas, convirtiendo el lugar en un oasis urbano.
Finalmente, alcanzamos el punto de encuentro. El grupo se queja del calor, pero nosotros lo hemos llevado bastante bien, avanzando con calma y disfrutando cada rincón. Contra el calor no se puede luchar, pero sí adaptarse.
🚌 Nos recoge el autobús y partimos hacia Cannes.
En esta ciudad, el Hôtel de Ville será nuestro punto de referencia. Este edificio neoclásico fue construido en 1876 por el arquitecto Louis Hourlier. Su fachada simétrica, con columnas dóricas y jónicas, y esculturas que representan la producción local, le dan un aire solemne y elegante.
Justo enfrente se encuentra el Monumento a los Caídos de la Primera Guerra Mundial, inaugurado en 1927. Diseñado por Albert Cheuret, representa a un aviador, dos soldados y un marinero sosteniendo una figura alegórica de la Victoria. Es un homenaje conmovedor a los que dieron su vida por Francia.
Cenamos temprano, al estilo francés, en un restaurante italiano. Lasaña para todos, sencilla pero reconfortante.
Nuestro alojamiento es el Hotel B&B Cannes Plages La Bocca, situado en un polígono industrial. Aunque básico, está limpio, tiene aire acondicionado y cumple su función. Después de un día tan intenso, lo que más se agradece es una buena ducha y una cama fresca.
Día 2 – 7 de julio de 2025: Cannes, Saint-Tropez y llegada a Marsella
El segundo día comienza sin prisas. El desayuno es ligero, pero suficiente para arrancar la jornada. El ambiente en el autobús es tranquilo, y nuestro conductor griego nos lleva con destreza por la Costa Azul. Azim, nuestro guía, nos acompaña hasta Cannes, donde la historia y el glamour se entrelazan en cada rincón.
Cannes, antes de ser sinónimo de alfombra roja, fue un modesto pueblo de pescadores. En la antigüedad, la zona era conocida como Aegitna, un asentamiento de la tribu ligur Oxybii. Más tarde, los romanos establecieron un puesto de avanzada en la colina de Le Suquet, donde hoy se encuentra el casco antiguo de la ciudad. Esta colina ofrecía una posición estratégica para vigilar los pantanos y el litoral. En el siglo X, el lugar era conocido como Canua, posiblemente derivado de “canna” (caña), por la vegetación de la zona.
Las Islas Lérins, frente a la costa de Cannes, jugaron un papel crucial en su historia. En el año 410, los monjes Honorat y Caprais fundaron el monasterio en la isla de Saint-Honorat, que pronto se convirtió en un centro espiritual y cultural. Sin embargo, en el siglo XII, los piratas sarracenos saquearon el monasterio, provocando un periodo de gran inseguridad.
Durante el Renacimiento, Cannes fue escenario de conflictos entre potencias europeas. En 1520, la guerra entre Francisco I de Francia y Carlos V convirtió la ciudad en un corredor militar. En 1579, una devastadora peste diezmó a la población. Las tropas españolas ocuparon Cannes en 1635 y regresaron en 1707 durante la Guerra de Sucesión Española.
Subimos por las callejuelas del barrio de Le Suquet, el núcleo más antiguo de la ciudad, hasta alcanzar la cima donde se encuentra la Église Notre-Dame d’Espérance, una iglesia gótica
construida entre 1521 y 1627 con el esfuerzo de los habitantes de Cannes. Su torre cuadrada y su interior luminoso, con vidrieras y esculturas, nos hablan de siglos de devoción y arte.
Justo al lado está el Musée de la Castre, ubicado en un castillo medieval que perteneció a los monjes de Lérins. Este museo alberga una colección fascinante de arte primitivo de Oceanía, América precolombina y Asia, además de instrumentos musicales raros. Desde su torre cuadrada, la vista de Cannes y la bahía es sencillamente espectacular.
En el descenso, pasamos por la Chapelle Bellini, una capilla neobarroca construida en 1892 que fue transformada en taller por el pintor Emmanuel Bellini en 1953. Hoy es un museo íntimo, donde su hija Lucette aún recibe visitantes y comparte anécdotas del artista, que dejó huella en la Riviera con sus obras llenas de color y nostalgia mediterránea.
Llegamos a la playa pública, donde un baño en las aguas cristalinas de la Côte d’Azur nos revitaliza. En Cannes, muchas playas están gestionadas por hoteles, así que encontrar una libre es casi un privilegio. Desde allí admiramos el Puerto Viejo, que conserva el encanto de sus orígenes como puerto pesquero, aunque hoy está repleto de yates de lujo y helicópteros que aterrizan directamente en las cubiertas.
Seguimos por la Croisette, el famoso paseo marítimo construido en el siglo XIX sobre un antiguo camino costero. Aquí se alzan hoteles legendarios como el Carlton y el Martínez, y tiendas de lujo que dan testimonio del esplendor de Cannes. En 1949 se construyó el Palais des Festivals et des Congrès, sede del Festival de Cine, que ha sido ampliado y modernizado para acoger eventos internacionales. El Festival de Cannes es uno de los eventos cinematográficos más prestigiosos del mundo, celebrado cada mayo en la ciudad francesa de Cannes, en la Riviera Francesa. Su historia está profundamente ligada a los vaivenes políticos y culturales del siglo XX.
La idea de crear un festival internacional de cine en Francia surgió en los años 30 como respuesta a la creciente politización del
Festival de Venecia, donde en 1938 se premiaron películas propagandísticas nazis e italianas por presión de los regímenes de Hitler y Mussolini. Esta manipulación indignó a representantes franceses como Philippe Erlanger, quien propuso al ministro Jean Zay la creación de un festival libre de influencias políticas.
El primer intento de inauguración fue el 1 de septiembre de 1939, con Louis Lumière como presidente honorario. Sin embargo, ese mismo día comenzó la Segunda Guerra Mundial con la invasión de Polonia, y el festival fue cancelado tras una única gala. La primera edición oficial se celebró del 20 de septiembre al 5 de octubre de 1946, justo un año después del fin de la guerra. Fue un evento festivo y esperanzador, con películas de todo el mundo y un jurado internacional. Desde entonces, Cannes se convirtió en un escaparate del cine mundial, premiando obras por su calidad artística y técnica.
El galardón más codiciado es la Palma de Oro, otorgada a la mejor película. También se entregan premios al mejor director, actor, actriz y guiones, entre otros. Las proyecciones principales se realizan en el Palais des Festivals et des Congrès, en el paseo de La Croisette.
Nos detenemos en un kiosko para tomar una Evian y contemplamos el kiosko de música más grande que hemos visto nunca. Cannes presume de tener la mayor concentración de millonarios por metro cuadrado en la costa francesa. En un mercadillo de fruta, las cerezas cuestan casi 10 euros el kilo, pero nos regalan una para compartir. Almorzamos una ensalada de tomate y mozzarella y unas sardinas a la plancha que nos saben a gloria.
Por la tarde, tomamos un barco hacia Saint-Tropez, un antiguo pueblo de pescadores que se convirtió en símbolo del lujo y la libertad mediterránea. En el siglo XIX,
artistas como Paul Signac y Matisse lo descubrieron por su luz única. Pero fue Brigitte Bardot, en los años 50, quien lo convirtió en un icono mundial tras rodar "Y Dios creó a la mujer". Desde entonces, Saint-Tropez ha sido refugio de artistas, diseñadores y músicos. Subimos al castillo para disfrutar de las vistas. Las casas son impresionantes, las playas pequeñas pero limpias. No conseguimos probar la famosa Tarte Tropézienne, un brioche relleno de crema de muselina creado en 1955 por Alexandre Micka, pero nos quedamos con el antojo.
Al final del día, llegamos a Marsella, la ciudad más antigua de Francia, fundada por marineros griegos en el año 600 a.C. Conocida como Massalia, fue un centro comercial clave en la antigüedad y ha sido moldeada por romanos, visigodos, y franceses. En el siglo XIX vivió un auge gracias al comercio y la apertura del Canal de Suez. Hoy es una ciudad vibrante, multicultural y llena de historia.
Cenamos en un restaurante con aire marroquí, donde comeremos durante nuestra estancia. El hotel Residetudes Marsella nos espera, aunque Azim tiene dificultades para repartir las llaves. Finalmente, un recepcionista francés muy amable lo resuelve con simpatía.
Día 3 – 8 de julio de 2025: Marsella y Aix-en-Provence
El desayuno ha sido excelente, lo que nos ha dado energía para afrontar una jornada intensa. Nos encontramos con nuestro guía local, Laurent, para comenzar la visita panorámica por Marsella. Aunque su español no es muy fluido y no domina bien los horarios de museos y monumentos, conseguimos hacernos una idea general de esta ciudad portuaria tan singular.
Marsella, el puerto más importante de Francia, es una ciudad vibrante y multicultural, marcada por siglos de historia y oleadas de inmigración. Tras la independencia de Argelia en 1962, se intensificó el flujo migratorio hacia Francia. Muchos argelinos llegaron buscando trabajo, mejores condiciones de vida y, en muchos casos, huyendo de la inestabilidad política y económica. Marsella, por su cercanía geográfica y su tradición de
acogida de comunidades extranjeras, se convirtió en un núcleo importante de asentamiento para esta población.
Esta ciudad fundada por los griegos como Massalia en el siglo VI a.C., ha sido siempre un cruce de caminos entre Europa, África y Oriente Medio. Aunque presenta signos de desgaste urbano su riqueza cultural y arquitectónica sigue siendo fascinante.
Hay olor a quemado por un incendio cercano. y los móviles no hacen mas que generar alarmas.
Nuestra ruta comienza cerca de la catedral de Marsella, una joya neobizantina del siglo XIX que sorprende por su tamaño y estilo poco común en Francia.
La Catedral de Marsella, oficialmente llamada Cathédrale Sainte-Marie-Majeure o simplemente La Major, es uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad y una joya arquitectónica única en Francia.
Construida entre 1852 y 1893, esta catedral se alza entre el Vieux-Port y el moderno puerto comercial, cerca del barrio de La Joliette. Su estilo románico-bizantino, inspirado en las iglesias orientales, la distingue de otras catedrales francesas. Fue diseñada por el arquitecto Léon Vaudoyer y más tarde completada por Jacques Henri Espérandieu y Henri Antoine Révoil.
La catedral combina materiales de lujo como mármol blanco de Carrara, piedra verde de Florencia, ónice de Túnez e Italia, y mosaicos venecianos. Su interior está decorado con arcos bizantinos, esculturas y una serie de estatuas que representan a Jesús rodeado por apóstoles y discípulos como Pedro, Pablo, Marta y María Magdalena. No la podemos visitar porque nuestro guia Lorenzo va a la carrera, (es un guía penoso y caradura).
Paseamos por el barrio del Panier, con sus murales coloridos y calles estrechas que reflejan el alma bohemia y rebelde de la ciudad. Desde el autobús,
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Iglesia de San Trófimo (Arlés). |
recorremos la Rue des Catalans, donde hacemos paradas en el monumento “Aux Héros de l’Armée d’Orient et des Terres Lointaines”, homenaje a los soldados franceses caídos en tierras lejanas, y en un embarcadero de ensueño, donde el fuerte viento nos hace sentir que podríamos volar.
Llegamos por los pelos a la Basílica de Notre-Dame de la Garde, conocida como “La Bonne Mère”, símbolo de Marsella, con su estilo bizantino y vistas espectaculares sobre la ciudad. Visita imprescindible que la conseguimos ver gracias a "un milagro".. En esta ciudad hay cruceristas y como vengan en manada olvídate de la visita. A la salida de este santuario hay una cola inmensa para entrar.
La Basílica de Notre-Dame de la Garde, conocida cariñosamente por los marselleses como La Bonne Mère (La Buena Madre), es el símbolo espiritual y visual de Marsella. Se alza majestuosa sobre una colina de 154 metros, ofreciendo una vista panorámica de 360° sobre la ciudad, el mar Mediterráneo y las islas cercanas. Construida entre 1853 y 1864 sobre los restos de una antigua fortaleza del siglo XVI, la basílica fue diseñada por el arquitecto Henri-Jacques Espérandieu en estilo románico-bizantino, con mosaicos dorados, mármoles policromados y una cripta excavada en la roca. En lo alto de su campanario se encuentra una estatua monumental de la Virgen María con el Niño, hecha en cobre dorado, que vigila la ciudad y a los marineros que parten al mar.
Este lugar no solo es un sitio religioso, sino también un punto de peregrinación y de identidad local. El 15 de agosto, Día de la Asunción, miles de fieles se reúnen allí para rendir homenaje a la Virgen. Además, la estatua está actualmente en proceso de restauración, y se espera que vuelva a lucir completamente dorada en octubre de 2025.
En el Vieux-Port, el antiguo puerto de Marsella, los barcos no han salido a pescar por el viento, pero el ambiente sigue siendo animado. Paseamos por sus muelles y descubrimos “Le Parasol” de Norman Foster, una estructura moderna que ofrece sombra y reflejos metálicos sobre el puerto.
Durante el paseo de hoy que comienza en el Hôtel de Ville, osea el ayuntamiento, se pueden ver las tiendas pintadas de verde que venden el famoso jabón de Marsella, y observamos cómo locales y turistas disfrutan de la bullabesa, el guiso de pescado típico de la zona. Compramos aspirinas francesas y visitamos la entrada del Museo de Historia de Marsella, donde se conservan restos de la antigua ciudad romana y su puerto original.
Las ruinas de la antigua ciudad romana de Marsella se encuentran en el Jardin des Vestiges, un parque arqueológico situado junto al Museo de Historia de Marsella, en pleno centro urbano. Este espacio fue descubierto en 1967 durante las obras del Centre Bourse y abrió al público en 1983 como el primer gran yacimiento arqueológico urbano de Francia. En este lugar se conservan vestigios de la antigua Massilia, fundada por los griegos de Focea en el siglo VI a.C. y posteriormente romanizada. Entre los restos más destacados se encuentran: Una calzada romana que atravesaba la ciudad, flanqueada por monumentos funerarios, las murallas griegas del siglo III a.C., construidas en piedra caliza rosada, una puerta monumental de acceso a la ciudad y un pozo profundo con escalera y una gran cisterna, que servían para abastecer de agua a los navíos que llegaban al puerto romano.
Este
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Sarcófago romano en la Iglesia de San Trófimo (Arlés), en el que se afirma que se encuentran los restos de san Honorato. |
antiguo puerto se ubicaba al noreste del actual Vieux-Port. Aunque hoy en día el puerto moderno ha transformado la zona, el Jardin des Vestiges permite imaginar cómo era la vida comercial y marítima en la Marsella romana, cuando la ciudad era un importante enclave mediterráneo.
Comemos en el mismo restaurante que el día anterior y por la tarde, parte del grupo opta por la excursión a Aix-en-Provence, ciudad natal del pintor Paul Cézanne. Aunque nos habían prometido la posibilidad de ver las 155 obras de Cézanne en el Museo Granet, Laurent nos informa que sin reserva previa no es posible, sin embargo, descubrimos que sí se puede visitar pagando la entrada y registrándose en un móvil que facilita el museo… pero ya es tarde. Menudo caradura esta hecho este Lorenzo, a pesar de decirle a la cara de que es un mentiroso, dice que lo va a consultar. (El resto del grupo no dice ni mu, por lo tanto asi nos tratan a los turistas, como ganado).
A pesar de la decepción, la ciudad nos cautiva por su elegancia y estilo típicamente francés. Sus edificios de tonos tierra le dan un aire cálido y acogedor, y sus plazas encantadoras, como la de la fuente de los 4 delfines, invitan a pasear. El barrio Mazarin fue creado para la nobleza y sigue siendo uno de los rincones más refinados de la ciudad.
El baptisterio de Saint Jean y su claustro sí merecen la visita por su serenidad y belleza.
El baptisterio de Saint Jean en Aix-en-Provence es uno de los monumentos paleocristianos más antiguos y valiosos de Francia. Se encuentra junto a la Catedral de Saint-Sauveur, en pleno centro histórico de la ciudad, y fue construido en el siglo V sobre el antiguo foro romano de Aquae Sextiae, nombre latino de Aix. Este baptisterio destaca por su planta octogonal, típica de los primeros edificios cristianos dedicados al rito del bautismo. En su interior se conservan columnas de mármol que provienen del foro romano, lo que le da un aire solemne y ancestral. La pila bautismal central está rodeada por ocho columnas corintias que sostienen una cúpula decorada con frescos y mosaicos.
Durante siglos, el baptisterio formó parte de un complejo episcopal que incluía varias capillas, una nave dedicada a Notre-Dame y otra a San Maximino. Fue restaurado en el siglo XIII y ha sobrevivido a guerras, saqueos y reformas, manteniendo su esencia como lugar de iniciación cristiana.
La excursión se siente algo corta, especialmente con los avisos de incendio en la zona. Hubiéramos preferido organizarla por nuestra cuenta en tren, pero debido a que el viaje fue organizado de la noche a la mañana, no teníamos prevista la visita.
Antes de cenar, visitamos la famosa escalera de la Gare de Marseille y la estación de tren, donde los convoyes están listos para partir. La escalera monumental de la Gare de Marseille-Saint-Charles es mucho más que una conexión entre la estación y el Boulevard d’Athènes: es una obra de arte urbano cargada de simbolismo, historia y belleza escultórica. Construida entre 1923 y 1927 por el arquitecto Eugène Sénès, tiene 104 escalones y una altura de 15,5 metros, dividida en siete rellanos. Fue inaugurada oficialmente el 24 de abril de 1927 por el presidente de la República Gaston Doumergue.
A lo largo de la escalera se encuentran esculturas que representan la identidad mediterránea y colonial de Marsella en el siglo XX. En la
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Los criptopórticos son unas galerías subterráneas romanas que existen en la ciudad de Arlés, en el sur de Francia, siendo uno de los lugares calificados como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, dentro del Sitio «Monumentos romanos y románicos de Arlés», y junto al foro romano. |
base, dos esculturas de Ary Bitter muestran un león acompañado por un niño. En sus banderolas se leen frases como “el sol y el mar” y “el mundo es la energía”.
Tras tres pequeños rellanos se llega a un gran palier flanqueado por dos pilones monumentales. La parte sur fue esculpida por Auguste Carli, con dos alegorías femeninas: a la izquierda, Marsella como puerta de Oriente, con una mujer en toga, piernas cruzadas, sentada sobre un trono decorado con grifos, sosteniendo un tridente; a la derecha, Marsella como colonia griega, con una figura vestida con una chlamyde, sentada en un trono clásico, sosteniendo una estatuilla de la diosa Diana. La base de ambos pilones representa la proa de un barco, con tres remos a cada lado, una cabeza de carnero en la proa y delfines emergiendo del agua.
En las caras laterales de los pilones, esculpidos por Henri Martin, se encuentran los blasones de ciudades francesas. En el pilón izquierdo: Nice al este, Marsella al norte, Aix-en-Provence al oeste. En el pilón derecho: Lyon al este, Marsella al norte, París al oeste.
Cada pilón está coronado por una linterna decorativa que añade un toque elegante al conjunto. En los últimos rellanos, Henri Raybaud esculpió seis grupos en bronce que representan productos típicos de Provenza, como frutas, flores, vendimias y pesca.
Esta escalera no solo embellece el acceso a la estación, sino que también narra la historia de Marsella como ciudad abierta al mundo, rica en comercio, cultura y diversidad.
Intentamos negociar con Azim la devolución del dinero de la excursión opcional de mañana en Avigñon, ya que los 60 euros de hoy, por la decepción del museo Granet, no han cumplido nuestras expectativas. Él promete darnos una respuesta mañana. Terminamos el día con la cena habitual y nos vamos a descansar, esperando que el próximo día nos traiga nuevas emociones.
Día 4- 9 de julio de 2025-Arlés, Les Baux en Provence, Orange.
Salimos de Marsella temprano, con la sensación de que la ciudad aún tenía mucho por mostrar, pero el tiempo apremiaba. Mientras esperábamos el autobús, Azim me devuelve los 100 euros de la excursión opcional al Palacio de los Papas, lo que nos deja con mejor ánimo para afrontar el día.
Llegamos a Arlés, una ciudad que evoca muchas historias, algunas más oscuras que otras, pero que hoy se nos presenta como un tesoro arqueológico y cultural.
La visita es por libre, así que siguiendo el consejo de Azim, nos adelantamos al grupo y compramos la Liberty Pass, una tarjeta que permite entrar en varios monumentos y museos. Aunque oficialmente cubre cuatro monumentos y dos museos, logramos visitar cinco porque en uno no nos controlan la entrada. El precio es apenas superior al de una entrada individual, así que vale la pena.
Comenzamos por el Teatro Antiguo, un vestigio romano con columnas originales y fragmentos escultóricos. No es tan imponente como el anfiteatro, pero tiene su encanto. El Teatro Romano de Arlés fue construido a finales del siglo I a.C., bajo el reinado del emperador Augusto. Es uno de los primeros teatros de piedra del mundo romano y forma parte del conjunto de monumentos romanos y románicos de Arlés, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Originalmente podía albergar hasta 10.000 espectadores, distribuidos en gradas según su clase social. La
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Cathédrale Notre-Dame-des-Doms d'Avignon. Pertenece al estilo románico, principalmente del siglo XII. Destaca por la sólida torre que se halla rematada con la figura de la Virgen dorada que data de 1859. |
escena medía unos 50 metros de largo y estaba decorada con columnas corintias y estatuas, entre ellas la célebre Venus de Arlés, que hoy se encuentra en el Museo del Louvre.
Este teatro no se usaba para combates ni espectáculos sangrientos, sino para representaciones culturales como tragedias, comedias, mimos y pantomimas. Era un espacio de refinamiento, donde la élite romana disfrutaba de las artes escénicas. Aunque gran parte de su estructura original ha desaparecido, aún se conservan elementos como el graderío, parte del escenario y dos columnas que se alzan como testigos del esplendor antiguo.
Luego pasamos al Anfiteatro de Arles, El Anfiteatro de Arlés, también conocido como las Arenas de Arlés, es uno de los monumentos romanos más impresionantes de Francia. Fue construido alrededor del año 90 d.C., inspirado en el Coliseo de Roma, y tenía capacidad para unos 20.000 espectadores. Su diseño incluye una arena elíptica rodeada por gradas, con dos niveles de arcadas que suman 60 arcos cada uno, y una altura de 21 metros.
Durante la época romana, se celebraban allí combates de gladiadores, cacerías y espectáculos públicos. En la Edad Media, el anfiteatro fue transformado en una fortaleza con torres y viviendas en su interior. Hoy en día, sigue siendo un espacio vivo: se utiliza para corridas de toros, conciertos y festivales, manteniendo su función como lugar de encuentro y espectáculo.
En esa época, la Iglesia, ferozmente opuesta a los actores y a los espectáculos paganos, utilizó el teatro y el anfiteatro como cantera para la construcción de la basílica paleocristiana de San Esteban, emprendida bajo el episcopado de Hilario. Más tarde, probablemente entre finales del siglo VI y comienzos del VIII, uno de sus muros se reforzó, integrándose en el recinto de la ciudad y fue dotado de una torre de defensa denominada la Torre de Rotland.
Después el terreno fue progresivamente parcelándose, con viviendas y callejuelas. Se construyeron algunos palacetes y las órdenes religiosas se instalaron, en particular los Jesuitas que establecieron su primer colegio y las Hermanas de la Misericordia. En 1755 - 1789, el patio del convento donde eran visibles las dos columnas, estas sirvieron para presentar al público los descubrimientos arqueológicos hechos in situ. El teatro comenzó a descubrirse a partir 1828, gracias a la acción del alcalde de la época, el barón de Chartrouse. Los trabajos se reanudaron en los años 1840 y terminados en 1860.
Seguimos con el Claustro de Saint-Trophime en Arlés es una joya del arte románico y gótico provenzal, construido entre los siglos XII y XIV. Forma parte del conjunto monumental de la antigua catedral de Arlés y está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1981.
Su estructura rectangular, de unos 28 por 25 metros, se compone de cuatro galerías: las del norte y este son románicas, mientras que las del oeste y sur presentan un estilo gótico más tardío. Lo más destacado son sus capiteles esculpidos, que representan escenas bíblicas del Antiguo y Nuevo Testamento, figuras alegóricas, animales fantásticos y motivos vegetales. La calidad artística de estas esculturas es excepcional, con una expresividad que revela la transición entre estilos.
Después bajamos a los Cryptoportiques del Foro de Arlés son unas impresionantes galerías subterráneas construidas en el
siglo I a.C., entre los años 30 y 20 a.C., como parte del foro romano. Servían como base estructural para sostener la plaza pública principal de la ciudad, nivelando el terreno irregular y proporcionando espacios frescos y funcionales para almacenamiento o circulación. Están excavados en la roca y presentan una arquitectura de bóvedas de cañón con pasillos que se extienden bajo la actual Place de la République.
Estas galerías forman parte del conjunto de Monumentos romanos y románicos de Arlés, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Su atmósfera misteriosa y su frescura natural las hacen especialmente atractivas en verano. Aunque no se sabe con certeza todos los usos que tuvieron, se cree que pudieron servir como almacenes, pasajes cubiertos o incluso como espacios administrativos.
Estamos en la actual Plaza de la República, donde se encontraba el antiguo foro. En el centro hay una fuente con un obelisco del siglo IV, traído desde el circo romano. La catedral también se puede visitar sin entrada, así que aprovechamos.
Con algo de tiempo libre, decidimos visitar dos museos: El Museo Arlaten, dedicado a la vida en la Provenza, está construido sobre una antigua exedra romana. Coincidimos con algunos compañeros del grupo que van más tranquilos; nosotros solo recorremos la planta baja.
Y luego encontramos el Musée Réattu, que visitamos a toda velocidad. Entre sus obras hay un Picasso que, sinceramente, no nos impresiona mucho, pero como se suele decir, para gustos los colores.
Llegamos algo tarde al restaurante, pero satisfechos por haber aprovechado al máximo la mañana. Después de comer, damos un paseo por las orillas del Ródano.
Aún no han llegado Remedios y sus hijos, que tienen media pensión y comen por su cuenta.
Cerca
de allí visitamos las Termas de Constantino, restos de antiguos baños romanos del siglo IV. Conservan parte de los muros y salas de baño, y aunque la visita es rápida, vale la pena. Las Termas de Constantino en Arlés son uno de los vestigios más importantes de la arquitectura romana en la ciudad. Fueron construidas a principios del siglo IV d.C., durante el reinado del emperador Constantino I, cuando Arlés era una residencia imperial. Están situadas junto al río Ródano, lo que les proporcionaba una ubicación estratégica y escénica.
Este complejo termal incluía las salas típicas de los baños romanos: el frigidarium (baño frío), el tepidarium (baño templado) y el caldarium (baño caliente). Lo que se conserva hoy corresponde principalmente al caldarium, con su ábside semicircular, tres grandes ventanas y una bóveda de horno. También se pueden ver restos del sistema de calefacción por hipocausto, que elevaba el suelo para permitir la circulación de aire caliente.
Durante siglos, las ruinas fueron malinterpretadas como parte de un palacio romano. No fue hasta el siglo XIX que se identificaron correctamente como termas. Hoy forman parte del conjunto de Monumentos romanos y románicos de Arlés, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Nos subimos al bus rumbo a Avignon, pero antes hacemos una parada en Les Baux-de-Provence, uno de los pueblos más bonitos de Francia. Subimos hasta la parte alta, desde donde se contemplan vistas espectaculares de la Provenza. Las calles están llenas de tiendas, muchas especializadas en productos con trufa y probamos un helado de lavanda, aunque el de mango nos convence más.
Les Baux-de-Provence es una localidad medieval situada en lo alto de las colinas de Les Alpilles, al sur de Francia, en el departamento de Bocas del Ródano. Su historia se remonta a tiempos prehistóricos: ya en el Neolítico, hace más de 6.000 años, el lugar estaba habitado por comunidades agrícolas que aprovechaban las cuevas naturales y manantiales de la zona.
Durante la Edad Media, la poderosa familia de los Baux estableció una
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las fábricas de perfumes Fragonard, en 1926 esta perfumería adoptó el nombre de Fragonard en homenaje al célebre pintor Jean-Honoré Fragonard. |
fortaleza en el siglo X y construyó el imponente castillo que aún domina el paisaje. Según la leyenda, Balthazar, uno de los Reyes Magos, habría llegado hasta Les Baux siguiendo la estrella de Belén, y sus descendientes adoptaron una estrella de 16 puntas como emblema heráldico.
La Casa de Baux extendió su influencia por toda Provenza, pero tras la muerte de la última princesa sin descendencia en 1426, el castillo pasó a manos de la Corona. En el siglo XVII, Luis XIII ordenó su desmantelamiento tras una revuelta, y el pueblo entró en decadencia. A partir del siglo XIX, artistas y poetas como Frédéric Mistral y Alphonse Daudet redescubrieron su encanto, convirtiéndolo en fuente de inspiración y destino turístico.
Además, el mineral bauxita fue descubierto aquí en 1821 por el geólogo Pierre Berthier, y recibió su nombre en honor al lugar.
Dormimos en Orange, a unos 30 kilómetros de Avignon, ya que el festival de teatro ha llenado todos los hoteles de la ciudad. El hotel Ibis Orange Centre resulta tener piscina, aunque no lo descubrimos hasta el día siguiente. Cenamos allí mismo, y después Carlos toca la guitarra un rato, pero un huésped se asoma por la escalera para pedir silencio porque ya es hora de dormir. ¡ pues ni mil palabras más!.
Tras la cena damos una vuelta por el pueblo de Orange. Nos sorprenden el teatro romano y el Arco del Triunfo, ambos imponentes y bien conservados.
El Teatro Romano de Orange, en la región de Provenza-Alpes-Costa Azul, es uno de los teatros romanos mejor conservados del mundo. Fue construido a principios del siglo I d.C., bajo el reinado de César Augusto, en la colonia romana de Arausio (actual Orange), fundada por veteranos de la Legio III Gallica. Su función era tanto cultural como política: ofrecía entretenimiento con mimos, pantomimas y farsas, y servía para difundir la cultura romana entre los habitantes de la Galia.
Lo más impresionante del teatro es su fachada escénica, que se conserva casi intacta: mide 103 metros de largo por 37 de alto. Luis XIV la llamó “la muralla más bella de mi reino”. Esta fachada estaba decorada con columnas, frisos, nichos y mármoles, y presidida por una estatua del emperador. La cávea (graderío) podía albergar hasta 9.000 espectadores.
Durante siglos, el teatro fue reutilizado como fortaleza, refugio y prisión. En el siglo XIX fue restaurado y recuperó su vocación artística. Hoy acoge el prestigioso festival Chorégies d’Orange, dedicado a la ópera y la música clásica, y ofrece experiencias inmersivas como visitas en realidad virtual y espectáculos con videomapping.
Al regresar, Azim está algo inquieto porque José Luis, el mayor del grupo y el mas intrépido también, se ha ido por su cuenta sin avisar y no ha dado todavía señales de vida. Justo cuando nos despedíamos, aparece sonriente. No sabemos si ha estado en el casino, su gran obsesión, o en el concierto del teatro, pero llega feliz. ¡ Ni mil palabras más tampoco!
Día 5- 10 de julio de 2025-Avignon, Gordes y Rousillon.
Salimos temprano de Avignon, con el aire fresco de la mañana y la promesa de un día lleno de historia y paisajes. El guía nos espera en el centro, justo al lado del famoso Pont Saint-Bénézet, más conocido como el Pont d’Avignon. Nos cuenta la leyenda del joven pastor Bénézet, que según la tradición fue enviado por los ángeles
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En esta visita a la Fábrica de Flores Fragonard de Grasse se descubren los métodos de extracción y procesamiento de plantas aromáticas, los procesos de producción modernos, como la cromatografía, así como el taller y el proceso de envasado de los perfumes. |
a construir un puente sobre el Ródano. Ridiculizado al principio, levantó milagrosamente una enorme piedra, convenciendo a todos de su misión divina. El puente, construido entre 1177 y 1185, fue durante siglos el único paso fijo entre Lyon y el Mediterráneo. Hoy solo quedan cuatro de sus veintidós arcos, pero sigue siendo símbolo de la ciudad y protagonista de la famosa canción “Sur le pont d’Avignon”.
El río Ródano sufrió varias crecidas violentas durante la Edad Media y en siglos posteriores. La más devastadora ocurrió en 1660, cuando una gran inundación destruyó gran parte del puente. Aunque el puente fue reparado varias veces, las reconstrucciones no lograron resistir las fuerzas del río. Con el tiempo, se volvió demasiado costoso y peligroso mantenerlo. Tras la inundación de 1660, se decidió no reconstruirlo más, y el puente fue abandonado. Los arcos restantes se fueron derrumbando o fueron demolidos con el paso del tiempo.
Nos dirigimos al Palacio de los Papas, la fortaleza gótica más grande del mundo. En el siglo XIV, los papas residieron aquí, transformando Avignon en el centro del cristianismo occidental.
El Palacio de los Papas de Avignon entre 1309 y 1377, la ciudad se convirtió en sede de la Iglesia Católica, cuando el papa Clemente V decidió trasladar la curia desde Roma a Avignon, buscando estabilidad frente al caos político romano. Durante casi 70 años, nueve papas residieron en esta ciudad, transformándola en el centro espiritual del mundo occidental.
La construcción del palacio comenzó en 1335 y se completó en menos de veinte años. Fue obra de dos papas constructores: Benedicto XII, que levantó el austero Palais Vieux, y Clemente VI, que añadió el suntuoso Palais Neuf, decorado con frescos del artista italiano Matteo Giovanetti. El conjunto ocupa 15.000 metros cuadrados, el equivalente a cuatro catedrales góticas, y se alza sobre el Rocher des Doms, un promontorio rocoso que domina el Ródano.
Durante siglos, el palacio fue escenario de cónclaves, intrigas, banquetes y decisiones que marcaron la historia de Europa. Tras el regreso de la sede papal a Roma, el edificio fue usado como cuartel militar y sufrió deterioros. En el siglo XIX comenzó su restauración, y hoy es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
La visita incluye más de 25 salas, entre ellas los apartamentos privados del papa, la sala del consistorio, la capilla de San Juan y los jardines papales, recientemente restaurados.
EL grupo disidente hemos organizado rápidamente una estrategia de visita al palacio papal por nuestra cuenta, mientras Carlos y Pilar se adelantan, y a pesar de confundir en un principio la cola la entrada al palacio con la de un concierto que también se realizaba en el mismo palacio, finalmente y gracias a la informacion de nuestro error por parte de una lugareña que nos ha hablado muy bien en español, conseguimos rápidamente las entradas al palacio por nuestra cuenta: 14,50 euros frente a los 50 de la excursión opcional. Esto nos proporciona un ahorro de 70 euros por pareja.
Con la ayuda de una tablet interactiva incluida en la entrada y con el traductor de google, recorremos las salas pontificias, los jardines restaurados y la catedral, Los del grupo de 50 euros guiado no lo van a ver todo tampoco.
Ya en la visita de la ciudad de Avignon, podemos comprobar que hoy está llena de
artistas, que recorren la ciudad realizando parte de la función por las calles a modo de promoción de la obra, pues estamos en tiempo del Festival de Teatro de Avignon, fundado en 1947 por Jean Vilar. Durante julio, Avignon se convierte en una ciudad-escenario, con representaciones en claustros, capillas y plazas. El ambiente es vibrante, con actores callejeros y espectáculos improvisados.
Después de comer con la escultora y su hermana, tomamos el bus hacia Gordes. Gordes es uno de esos lugares que parecen sacados de una pintura renacentista. Colgado sobre un promontorio rocoso en el corazón del Parque Natural Regional del Luberon, este pueblo de piedra clara se funde con la montaña, ofreciendo una imagen que ha fascinado a artistas como Chagall y Vasarely. Su historia comienza con los Vordenses, una tribu celta que construyó un oppidum defensivo en lo alto de la roca. El nombre evolucionó de Vordenses a Gordenses, y finalmente a Gordes.
Durante la Edad Media, Gordes fue fortificado para resistir las invasiones de normandos, sarracenos y mercenarios. Su castillo, mencionado ya en 1031, fue reforzado por la familia de los Agoult y reconstruido en el siglo XVI por Bertrand Rambaud Simiane. Hoy alberga el ayuntamiento y un museo, y destaca por sus dos fachadas: una defensiva y otra más elegante, casi palaciega. Su castillo, reconstruido en 1541 por Bertrand Rambaud Simiane, conserva matacanes y torreones medievales. Paseamos por sus calles empedradas, llamadas calades, y visitamos la iglesia de San Fermín.
En el camino vemos un campo de lavanda, difícil de encontrar pese a estar en plena Provenza. No podemos parar, pero el aroma nos acompaña hasta Roussillon,
otro de los pueblos más bonitos de Francia. Roussillon es un pueblo que parece pintado por
la propia tierra. Encaramado sobre una colina en el corazón del Luberon, este rincón de la Provenza es famoso por sus tonos cálidos: rojos, naranjas, amarillos y ocres que tiñen las fachadas, los caminos y hasta el aire. La razón está bajo sus pies: antiguas canteras de ocre que durante siglos fueron explotadas para obtener pigmentos naturales, usados en pintura, cosmética y decoración.
La historia de Roussillon se remonta a la época romana, pero fue en la Edad Media cuando se consolidó como fortaleza. En lo alto del pueblo se encuentra la iglesia de Saint-Michel, con una fachada del siglo XVII y un coro del XVIII. Justo al lado, una mesa de orientación ofrece vistas panorámicas del Luberon. Las plazas del pueblo —como la Place de la Forge o la Place du Pasquier— conservan el trazado medieval, y desde el Castrum, el antiguo camino de ronda, se contempla el paisaje como lo hacían los vigías hace siglos. Cuenta la leyenda que el color rojo de la tierra proviene de la sangre de Sirmonde, una joven noble que se arrojó desde los acantilados tras descubrir que su esposo había asesinado a su amante trovador. Más allá del mito, el Sendero de los Ocres (Sentier des Ocres) es una de las rutas más mágicas de la región. Dos caminos —uno de 30 minutos y otro de una hora— recorren formaciones rocosas erosionadas por el tiempo, como el Valle de las Hadas o la Calzada de los Gigantes, donde cada curva revela nuevas tonalidades y texturas.
Al final del día, regresamos a Orange. Un baño en la piscina del hotel, charla con los compañeros de viaje, y a dormir con la sensación de haber recorrido siglos en solo unas horas.
Día 6- 11 de julio de 2025-Grasse y la fábrica del perfume-Saint Paul De Vence.
Programacion para el dia: Avignon - Grasse
- Saint Paul De Vence -Niza (262 km)
Tras un desayuno temprano en Avignon, partimos rumbo a Grasse, la capital mundial del perfume. Esta ciudad provenzal, enclavada entre colinas y campos de flores, ha sido el corazón de la perfumería desde el siglo XVIII. Visitamos la histórica fábrica Fragonard, donde los aromas nos envuelven desde el primer momento. Nos sorprende gratamente que podamos recorrer la fábrica con total libertad, metiendo literalmente la nariz en cada rincón aromático.
Fragonard fue fundada en 1926 por Eugène Fuchs. En plena efervescencia del turismo en la Riviera Francesa, Fuchs tuvo la visión de combinar la fabricación de perfumes con la experiencia turística, ofreciendo visitas guiadas a su fábrica para mostrar el arte de la perfumería. Nombró la empresa en honor al pintor Jean-Honoré Fragonard, nacido en Grasse, como símbolo de elegancia y tradición artística.
Desde sus inicios, Fragonard se ha mantenido como una empresa familiar, transmitiendo el saber hacer de generación en generación. A lo largo del siglo XX, la casa expandió sus instalaciones, abrió museos y diversificó su producción con jabones, cosméticos y objetos decorativos. Hoy en día, Fragonard es reconocida no solo por sus fragancias, sino también por su compromiso con la artesanía, la cultura provenzal y la preservación de técnicas tradicionales.
Cada perfume tiene su historia, y elegimos tres que nos hablan al alma: Vetiver para Andrés, con notas terrosas y elegantes; Étoile para mí, un perfume estrellado y femenino; y L’Aventurier para Carlos, que evoca viajes y libertad.
Disfrutamos de un almuerzo en un restaurante local, donde los sabores del sur de Francia se mezclan con la brisa mediterránea y acompañan la conversación sobre los perfumes recién adquiridos.
Por la tarde, nos dirigimos a Saint-Paul-de-Vence, uno de los pueblos más bellos de Francia. Rodeado de murallas medievales, este lugar ha sido refugio de artistas como Marc Chagall, cuyas cenizas descansan en el pequeño cementerio del pueblo. Las callejuelas empedradas están adornadas
con flores, galerías de arte, tiendas de jabones artesanales y lavanda. Saint-Paul-de-Vence es uno de los pueblos más encantadores y artísticos del sur de Francia. Situado en la región de Provenza-Alpes-Costa Azul, cerca de Niza y Cannes, este pequeño enclave medieval está encaramado en una colina para protegerse de antiguos ataques sarracenos.
Entramos en una tienda encantadora donde un detector de presencia activa el canto de una cigala (“cigal”), símbolo sonoro de la Provenza. Queremos comprarla, pero se han agotado. Nos prometen enviárnosla a casa cuando repongan existencias… ¡esperamos que cumplan!
Deshacemos el camino y regresamos a Cannes, al hotel BB Cannes Plages La Bocca, donde comenzó nuestra aventura. Antes de retirarnos, hacemos una parada para cenar en Cannes. Las terrazas están llenas de vida, con gente esperando para disfrutar de la noche mediterránea. El ambiente es vibrante, las luces cálidas, y el mar murmura cerca.
Día 7- 12 de julio de 2025
Programacion del Día: Excursión de día completo: Niza -Montecarlo- Niza (30 km) Desayuno. Comenzaremos con visita panorámica de Niza. Continuaremos con visita de Montecarlo, donde está la plaza del Casino, Mónaco Ville y donde encontramos el Palacio y la Catedral. Almuerzo en restaurante. Después del almuerzo, visita de Fragonard. Todas las visitas con guía local. Regreso a Niza.
El desayuno comienza con cierta tensión: poco espacio, mucha gente y escasa comida. Hoy nos acompaña un guía local y cruzamos la frontera hacia el Principado de Mónaco, un país diminuto pero cargado de historia y glamour.
La historia de los Grimaldi en Mónaco es una mezcla fascinante de astucia, supervivencia y glamour que se remonta al siglo XIII. Todo comenzó en 1297, cuando Francesco Grimaldi, un noble genovés, logró tomar la fortaleza de Mónaco disfrazado de monje franciscano. Junto a sus hombres, abrió las puertas desde dentro y permitió que su grupo tomara el control sin derramar sangre. Este episodio es tan emblemático que el escudo de Mónaco muestra a dos
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La Piéta de Louis Brea, 1475. Todo el monasterio de Cimiez está clasificado como monumento histórico por decreto de4 de junio de 1993El suelo del antiguo jardín y del cementerio están clasificados por decreto de19 de mayo de 1994. |
monjes armados con espadas.
Desde entonces, la familia Grimaldi ha gobernado el principado, adaptándose con habilidad a los vaivenes políticos de Europa. Aunque Mónaco fue vasallo de potencias como Francia, España y el Piamonte, logró mantener su independencia formal en 1861. A cambio, cedió gran parte de su territorio original, incluyendo Roquebrune y Menton, que representaban más del 90 % de su superficie.
El príncipe Carlos III fue clave en la transformación moderna de Mónaco. En 1863 fundó el Casino de Montecarlo, aprovechando que el juego era ilegal en los países vecinos. Rebautizó el barrio de Spélugues como Montecarlo en su honor, y convirtió el principado en un imán para aristócratas, artistas y millonarios. Poco después se inauguró la Ópera de Montecarlo, el Instituto Oceanográfico (dirigido por Jacques Cousteau), el rally de Montecarlo y el Gran Premio de Fórmula 1.
Durante la Primera Guerra Mundial, el príncipe Luis II no tenía herederos legítimos, y Francia temía que el trono pasara a un primo alemán. Para evitarlo, presionaron para que reconociera a su hija ilegítima, Carlota, nacida en Argelia. Ella abdicó más tarde en favor de su hijo, Rainiero III, quien se casó con la actriz Grace Kelly y dio inicio a la era dorada del principado.
Hoy, el trono lo ocupa Alberto II, hijo de Rainiero y Grace, casado con Charlene Wittstock. Aunque Mónaco es una monarquía constitucional desde 1911, sigue siendo un símbolo de lujo y discreción, gobernado por una dinastía que ha sabido mantenerse firme durante más de siete siglos.
Desde la parte alta de Niza, las vistas del Mediterráneo son de un azul tan intenso que entiendes por qué lo llaman “Costa Azul”. El mar parece pintado con pigmentos imposibles.
En Mónaco, la visita guiada nos lleva al legendario Casino de Montecarlo, inaugurado en 1863 por orden del príncipe Carlos III para salvar la economía del país. Su arquitectura Belle Époque, diseñada por Charles Garnier (el mismo de la Ópera de París), es un espectáculo de mármol, oro y frescos. Aunque no está abierto para jugar, el lujo se respira en cada rincón. José Luis, nuestro compañero de viaje, se queda un rato más, quizás para tentar a la suerte, mientras los demás seguimos explorando.
La Ópera de Montecarlo, también obra de Garnier, fue inaugurada en 1879 como teatro privado del príncipe. Hoy es un templo de la música y la elegancia, con frescos mitológicos, terciopelo carmesí y lámparas de araña que parecen flotar.
Visitamos la Catedral de la Inmaculada, donde descansan Grace Kelly y el príncipe Rainiero. La sobriedad de la piedra contrasta con la historia romántica que encierra. El Palacio de Justicia, construido en 1930 con toba marina, parece sacado de un juego de construcción medieval. Y el Palacio de los Príncipes, residencia oficial desde 1297, se alza sobre La Roca, el monolito que dio origen a Mónaco. Fue aquí donde Francisco Grimaldi se disfrazó de fraile para conquistar la fortaleza, un episodio que aún se representa en el escudo del país.
Desde lo alto de La Roca, las vistas del puerto y del terreno ganado al mar son impresionantes. Mónaco sigue creciendo, desafiando al Mediterráneo con
ingeniería y ambición.
Después de unas pequeñas compras —un imán para la nevera con forma de máquina tragaperras y otro de ficha de casino— almorzamos.
No tenemos
suficiente tiempo para visitar el acuario, lo cual es una faena, pero lo dejaremos pra otra ocasión,su fachada es tan majestuosa como su historia: fue dirigido por Jacques Cousteau, el explorador de los océanos.
De regreso en Niza, y por petición de algunos del grupo que ya habian visitado la catedral de Niza, recorremos el Monasterio de Cimiez, fundado en el siglo IX y transformado por los franciscanos en el XVI. Sus jardines, creados en 1546, son un remanso de paz con más de cien especies vegetales. La iglesia alberga obras de Louis Bréa, y el cementerio guarda los restos de Henri Matisse.
Ya en Niza hacemos la visita programada para hoy, nosotros no habíamos visitado la catedral el primer día y para ahí que vamos.
La Catedral de Santa María y Santa Reparata, está construida entre 1650 y 1699, nos recibe con su estilo barroco y su cúpula de mosaicos. Dedicada a la joven mártir Santa Reparata, cuya cuerpo, según la leyenda, llegó flotando hasta Niza, es el corazón espiritual de la ciudad.
El día termina con un paseo por las calles de Niza, donde se celebra el Día del Orgullo. El tráfico complica la recogida en autobús, pero el ambiente es festivo y colorido. Nuestra última cena en Cannes nos devuelve al punto de partida. Las terrazas están llenas, la gente espera para disfrutar de la noche, y nosotros también. Volvemos al hotel BB Cannes Plages La Bocca, con la sensación de haber vivido un día lleno de historia, belleza y emoción.
Día 8- 13 de julio de 2025- Niza - Madrid
Volvemos a casa, ha sido un viaje a la zona de los millonetis, donde lo hemos pasado muy bien y hemos conocido una parte de Francia que como todas es preciosa y muy Azur. En el aeropuerto de Niza conseguimos comer la Tarte tropézienne, y después de esperar bastante conseguimos despegar tras el altercado correspondiente de una mujer que tenía problemas con el pasaporte y se escapo del control por la pista del aeropuerto.
Esta vez gracias a las estrategias de Carlos vamos juntos en la misma fila del avión.
Bye.